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15 octubre 2012

Obituario

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“El sol acarició mi faz.  ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!” 
A. Nervo
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Domingo,14 de octubre de 2012.-
A mi querido abuelo Marcial,
a quien recordaré como un profesional excelente,
el médico más poeta que he conocido, el clínico más humano que
haya pisado suelo rosarino, el abuelo con quien compartí, 
en mis años de adolescencia tardía, tantas charlas 
sobre música, literatura y sobre la vida TODA.
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El 14 de enero de 2011 De Artículos y Revisiones tenía el honor y el placer de publicar la primera entrevista al médico rosarino Dr. Marcial J. Hernández, publicación que se tituló, tal como lo merece, Dr. Marcial J. Hernández: vida de un ejemplo y obra de un gaucho.

Hoy, a dos semanas de su partida, De Artículos y Revisiones presenta algunos fragmentos de aquella humana ENTREVISTA hecha a un médico que, además de médico, ha sido siempre un ser humano:

Nada vemos, nada sabemos, nada podemos sospechar de nuestro futuro: oculto porvenir, señores, cuyo velo sólo lo descorre el Señor de lo que fue, de lo que es y de lo que será... 
En Discurso de fin de ciclo escolar, año 1942. Escrito y pronunciado por Marcial J. Hernández.
No me olvido nunca de dónde vengo, y eso es mi mayor orgullo. Vengo de un hogar humilde, y nunca me olvidé. Por eso sé lo que es estar en una asistencia pública con un flemón, esperando la atención del médico, y salir el médico y decir: "No hay más turno. Atiendo en mi casa a las tres de la tarde". Y no había cinco pesos para ir a la casa del doctor. Y el flemón se me abría solo. Siempre dije, "Alguna vez, Dios mío, si Dios quiere, voy a llegar. Voy a atender a la gente que no puede".
En [...] ¿Cómo fue su infancia en su ciudad natal [Santa Fe]?
Hacía cinco años que era médico. [...] Se abrió un concurso en John Deere. No lo gané. Lo ganó un tal Arredondo. Recuerdo que tuvo un problema con Ovidio Torres, gerente de Recursos Humanos de John Deere. Y tener un problema con Ovidio Torres era prácticamente encargar la mostaja. Se abrió el concurso por segunda vez. Un amigo le decía a Ovidio Torres: "Yo le voy a traer a un gordito que no lo va a defraudar". Corría el año 1960, y Torres me dijo: "Doctor, vamos a ver si a usted le conviene la empresa y si a la empresa le conviene usted". Estuve a prueba durante un mes. Me había anotado en todas las Cruces para hacer las guardias. El carrito de la leche y yo andábamos por las calles de Rosario [...]
En ¿Cómo llega a trabajar en la multinacional John Deere?
A los siete u ocho años de estar trabajando en John Deere vino un ejecutivo de Estados Unidos y me invitó a vivir en Estados Unidos. Yo me quedé anonadado. Para Illinois. "El director se jubila y hemos pensado en usted". El hecho de que yo llevaba bien "the union" (el sindicato)... Yo estaba preocupado, y le dije a mi mujer, "¿Qué te parece? ¿Tenemos derecho a trasplantar tantas vidas?", pensando en mis hijos. Ya pasaba por el Parque Independencia y le decía, "Arbolito... No te voy a ver más". Uno en el fondo, es latino. Entonces le pregunté: "Allá, después del consultorio de la empresa, ¿voy a poder ocuparme del mío?" "No, doctor. Usted después del consultorio de la empresa va a tomar los palos de golf".


Los médicos de mi época hacíamos pasar a un paciente y nos metíamos en la vida del paciente. ¿Era casado? ¿No era casado? ¿Tenía algún problema...? El hombre es un ser psico-somato-social. No es un pedazo de carne y hueso, nada más.
[...]
Ahora, hacen una receta, y le dicen, "Traiga la receta. Así veo lo que le dí cuando venga".
En [...] ¿Cree que los valores de hoy contrastan con los de su época?
[...] Yo daría parte de mi vida por volver a atender la gente. [...]¿Cuántos hay como yo en silla de ruedas, que desean hacer algo? Sería muy distinta la calidad de vida mía si pudiera atender allí, en el consultorio médico... Porque estoy actualizado. Recibo revistas médicas. Tengo el orgullo— tal vez, super-orgullo—de que todavía vengan pacientes y me traigan radiografías, me muestren análisis, me pregunten si toman esto o lo otro... Bueno, lamentablemente la ley es la ley. Espero que algún día, los que vienen atrás, que les den la oportunidad de practicar la profesión más dulce y divina que hay en el mundo: vivir para ayudar. En fin.
En [...] ¿Cómo se lleva con la tecnología?
Humanismo más tecnicismo, excelencia. El paciente tiene sed de piel [...] prestarle el oído...
 En conversación, septiembre de 2012.





12 agosto 2012

Brindis por el 20º Aniversario del Colegio de Traductores_Entrevista a Cris Martínez

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[Artículo abreviado, en colaboración con Boletín Hipervinculados- Invierno 2012, Colegio de Traductores de la Provincia de Santa Fe - 2ª Circ.]

Traduciendo 20 AÑOS en 198 PALABRAS—
Y una coda.
                                                                                     
Por Delfina Morganti.-
Bajo el connotativo lema de Pasión. Orgullo. Felicidad. 20 años de palabras para entendernos, el Colegio de Traductores de Rosario celebró, el pasado 12 de junio del presente año, su vigésimo aniversario. ¿Cómo hacer justicia a la trayectoria? ¿Cómo dignificar mediante la conmemoración?

Para todos los que no estuvimos allí (y los que sí también) resulta más que interesante, justo y necesario conocer las sensaciones de quienes, por entonces, obraron con tanto esfuerzo y dedicación por dignificar la práctica de nuestra profesión. A continuación, la voz de una de ellos, Cristina Martínez:

Cristina Martínez*
TESTIMONIO 
• ¿Cómo y por qué surge la necesidad de un Colegio de traductores en Rosario?
En un principio, la necesidad que surgió fue de juntarnos, allá por 1983, para “asociarnos” y pensar nuestra profesión como tal. Eran tiempos complicados. L@s traductor@s no éramos reconocid@s. Era difícil conseguir trabajo porque cualquiera que supiera dos idiomas podía traducir, cobrar lo que le pareciera, incluso con una certificación internacional podía inscribirse como perito traductor en Tribunales… Era injusto porque vos elegías una carrera, estudiabas con todo lo que eso implica, y después no podías trabajar […] Llegó el momento de subir un escalón más y reconocernos como verdader@s profesionales, y crear el Colegio con un respaldo legal que fue la Ley Provincial de Traducción [NR: alude a la Ley 10.757 de creación del Colegio], la segunda en todo el país en su tipo. […] La lucha continuó pero la herramienta legal es muy importante, si bien todavía en el plano simbólico mucha gente piensa que con saber idiomas cualquiera puede traducir.

• ¿Qué significa para vos, que estuviste ahí en “tiempo real”, haber gozado de estos 20 años de institucionalización de nuestra práctica?
Me parece importante que además de sentirnos profesionales, podamos mostrar que hay un reconocimiento legal e institucional. Eso ayuda al momento de defender la posibilidad de trabajar. Además, el acuerdo del arancel ético también marcó la importancia del respeto y de la competencia leal entre nosotr@s [...]
Recuerdo que en su momento el Colegio ayudó a otr@s colegas a resolver cuestiones que no hubiera sido posible solucionar de otra manera: por ejemplo, cuando una compañera perdía solicitudes de trabajo porque en Buenos Aires les decían a l@s clientes que no éramos traductor@s públic@s, cosa que es verdad pero la ley nos habilita para hacer ese tipo de traducciones y quien se dedica a ellas se ha especializado de alguna forma u otra. El Colegio apoyó institucionalmente a esa compañera que recuperó a clientes que había perdido. En otro orden de cosas, tanto la Asociación en su momento como el Colegio en la actualidad, tenemos una mayor oferta de capacitación específica para traductor@s: antes solo podíamos hacer cursos orientados a docentes de idiomas y tenían que ver con cuestiones más pedagógicas, los hacíamos igual porque al menos nos daban una oportunidad para mejorar nuestra competencia lingüística […]

• ¿Por qué recomendarías a los traductores nóveles matricularse?
Porque es legal y simbólicamente indispensable [...] porque la única forma de lograr el reconocimiento pleno de nuestra profesión es haciéndolo en forma colectiva. Suelt@s nadie nos reconoce, junt@s y con “nuestra” ley, de a poco lo iremos consiguiendo seguramente.

• A 20 años de la creación del Colegio, ¿dirías que los objetivos principales se cumplieron con éxito?
Absolutamente, al menos nuestros sueños iniciales ya son realidad y muchos otros que ni pudimos imaginar hace años también. ◘  ◘  ◘

*Cristina B. Martínez es traductora (1980), profesora de inglés (1984) y Licenciada en Comunicación Social (1997). Como "colega fundadora", fue distinguida con la “Colegiatura Honoraria”. Actualmente se desempeña como profesora de las cátedras de Lingüística General y Estudios Comparativos del inglés y español en el IES Nº28 “Olga Cossettini” (Rosario).

DESTACADOS 2012
Nuevo espacio
 En junio el Colegio inauguró una nueva sección de capacitación informal los últimos días viernes de cada mes, el Club Café de Traductores Nóveles. Dichos encuentros se proponen brindar un espacio de intercambio productivo en torno a las primeras experiencias de los nuevos profesionales. (Inscripción sin cargo a: ccyt.rosario@gmail.com)

Concurso
El concurso fotográfico Veo, veo, ¿qué ves? ¡Un traductor! en torno a los afiches publicitarios del vigésimo aniversario lanzó a muchos traductores a las calles rosarinas. En una suerte de búsqueda del tesoro artístico-profesional, y con sus flashes avasallantes, todos los participantes lograron capturar la esencia del esfuerzo que acompañó tantos años de lucha por institucionalizar la práctica de la profesión. ¿Los resultados? Las fotos están disponibles en el sitio de Facebook del Colegio. ◘  ◘  ◘

© Delfina Morganti  
Hipervinculados - Invierno 2012


22 julio 2012

CARRIZO AL INGLÉS, PARTE II: Traducción de "Te lo digo por tu bien..."

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De cuando la honestidad mata...

por Delfina Morganti.-
                                                                                                                                                    
PRÓLOGO  
NOEMÍ CARRIZO: INGENIOSA Y SIN RESERVAS
Con tono asertivo y sin "pelos en la lengua", la prosa periodística de Noemí Carrizo se destaca por ser culta pero honestamente accesible: el lenguaje pulido pero contundente, su ritmo espontáneo y un tono que invita a la conversación casual hacen de sus textos un intercambio de ánimas, sabias confesiones que conducen a anécdotas que hacemos propias, que son también las nuestras, y con las que, por lo tanto, el interlocutor no puede dejar de sentirse señalado—y señalar al mismo tiempo.

En sus escritos los personajes son personas y viceversa, y si ella juzga necesario el ornamento de la cita textual a algún pariente, amigo o lector, se trata precisamente de que la cita no se constituye como mero ornamento en el todo que es su texto. Las referencias [sic.] a frases "demoledoras" dan un toque de veracidad e intimidad al descubierto a los minirelatos de la vida cotidiana que Carrizo de seguro selecciona con aguda prudencia, sensata perspicacia e indudable humor.

En su aventurado uso de la primera persona, los escritos de Carrizo lucen un tono a veces consejero, otras confesionario y siempre inteligible, siempre genuino e ingenioso. Este recurso, que parece surgir con la naturalidad de su pluma, logra entablar con el lector menos sagaz un vínculo de cercana empatía a distancia, de intimidad para nada forzada.

Es que los temas que encabezan sus notas son terriblemente inclusivos: si bien abarcan experiencias que se enuncian como propias, la escritora se encarga de darles un color universal con el que resulta casi imposible no identificarse.
Como si esto fuera poco, con las columnas de Noemí Carrizo el lector se instruye. Sus últimos párrafos suelen estar minados de referencias exofóricas y alusiones alentadoras a reconocidos personajes de la cultura nacional e internacional. En general, se trata referentes artísticos que o bien encantan por haber desafiado alguna premisa social de comportamiento ineludible o bien consuelan por haber sorteado alguna situación particular que parecía irresoluble:

Enrique Pinti, que estudió en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, afirmó en varias entrevistas que, por ser gordo, no conseguía que lo llamaran para ningún rol. Pero se destacó en monólogos de imaginación desopilante, sobre todo porque, a pesar de sus kilos de más, no aceptó la injuria: su temperamento avasallante y su lucidez incomparable detuvieron todo ultraje a su persona.*

¿El efecto? Ilustran en carne y hueso la temática escogida por la periodista. En fin, su heroísmo pasa por otro lugar:

Vincent Van Gogh tal vez el posimpresionista más reconocido de todos los tiempos, vendió un solo cuadro durante su vida y pereció en la pobreza total. No accedió jamás a pintar según la sugerencia de los maestros sincericidas de su época.*

DE LA PLURIVOCIDAD DE SUS TEXTOS
Los atractivos títulos de las columnas dominicales en Nueva llaman la atención del ojo y del ser por resultar el eco de retazos discursivos que todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos pensado, dicho o escuchado. Por un lado está su primera persona del singular al comienzo del párrafo, lo cual deja entrever que ella es su propia materia; ella, y su experiencia de vida constituyen la materia de su escritura. Pero además no descontemos lo acertado de sus incrustaciones de estilo directo, indirecto libre y el auto-cuestionamiento au vivo que plasma en sus textos y hace de ellos la puesta en escena de una genuina y rica pluralidad de voces que desconocemos pero que nos suenan familiares:

He recopilado frases demoledoras en mi entorno: “¡Ojo, que tu marido le tira onda a mi hermana!”; “¡Qué bien quedabas con diez kilos menos!; “Desde que te separaste parecés una mujer de la calle”; “Las madres del colegio aseguran que te vestís con pésimo gusto”; “¿Te gastaste tanto dinero en unos pantalones que te quedan tan mal?”.*


La introducción de voces ajenas sumadas a la propia no es nunca casual y tampoco quedan dichas frases en estado vegetativo. Carrizo dialoga con ellas, las pone en jaque y al cuestionarlas se cuestiona y nos interpela; reflexiona a partir de aparentes nimiedades y, al exponer su punto de vista, se expone ella misma como sujeto y a nosotros:
Ya he afirmado en otras ocasiones que no me importa si alguien es malo porque tuvo una infancia infeliz, lo acosó una tragedia inesperada o tuvo una madre nociva (¡ay, existen insultos tan exactamente acordes!); por consiguiente, hay que descartarlo como a un virus invasor y destructivo.*

Mediante sus preguntas retóricas el lector escribe la lectura, como diría Roland Barthes, de modo que cada columna suya se transforma en una auténtica joya ensayística, un tesoro que el lector menos afanado querrá archivar, más no sea en su frágil memoria de siglo veintiuno.

*Los fragmentos citados corresponden al texto original publicado por la revista Nueva (Diario La Capital), con fecha domingo 8 de julio de 2012.

TRADUCCIÓN 

I'm telling you for your own sake…
**By Noemí Carrizo***

“You’re a bad person. I’m saying it to your face so that you try to change.”

Collective thought has come up with a neologism, sincericide, to define the sort of truths that “kill”—though not completely—yet quite enough to bring us down. Those advocates of truthful judgement have labelled themselves as the gurus of authenticity, and even pay tribute to their own practices by boasting about their integrity. I have collected a number of demolishing statements from my circle: “Watch out, your husband's battering his eyes at my sister!”; “You looked so great when you weighed 20 pounds less”; “Ever since you split up you been looking like some street woman”; “Mothers at school keep claiming you have this awful dress sense”; “You spent this much on trousers that suit you this badly?”

Recently, a weekly magazine coined the word sincericide to refer to a statement made by the daughter of the well-known footballer, Dalma Maradona. “My dad is still in love with my mum,” she said. I reckon there has been a mistake in the description of her quote given that, immediately afterwards, the star of Daughter of God* warned the audience against her unhealthy filial jealousy.

The genuine sincericide won’t beat around the bush and is often driven by a variety of emotions, both devastating and health-detrimental, such as envy, competitiveness, revenge, perversion, nastiness and the very low esteem towards themselves. So compulsive is their impulse to disparage that they not only overlook the pain they can cause to others but also they don’t care if their attitude cost them to lose their peer.

I believe that, given this abominable creature, which is often spurred on by their own plea for affection, the one thing to do is cut off every possible bond of friendship, and, in case you have no choice but keep meeting them, then ignore their presence until they become invisible. I have already asserted in past circumstances that I don’t care if someone’s mean as a result of a cheerless childhood, an unexpected tragedy or a noxious mother (and one could find so many tags just as becoming!); therefore, one has to get rid of them like they are some sort of invasive and destructive virus.

All religions, generally speaking, though based on different premises, recommend practising forgiveness “seventy times seven or as many times as you should be offended.” Number seven, just as putative should, is boundless. But there is not even the slightest need, actually, to remain close to those who humiliate others, unless one should be as mentally ill as to take pleasure in being abused. Certain phrases start off with such alarmingly crushing beginnings that one can feel the stab making its way to one’s back: “Not that I mean to offend, but…”

A celebrated drama teacher, who was just as demanding as he was unflappable, pointed out once that every student willing to become an actor or actress should be slim without exception. One of our girl mates, who was kind of plump, began to take weight-loss pills. It all ended in an outburst of tears and a shocking fled: she had managed to look like a stick, but her mind just collapsed.

Famous actor Enrique Pinti, who studied at the National Conservatory of Dramatic Art, has claimed over several interviews that, because he was fat, he failed to get every part. And yet he shines when performing outstanding monologues because, above all and despite a couple of extra pounds, he’s never taken slander: his demolishing character and unique sense of wit have drawn away every possible outrage against his person.

Moreover, and getting a bit fussy about this issue, how many (of those anorexic or bulimic) girls are the result of a series of sincericides starting “Because I esteem you highly…”? Neither should one take the excuses coming after a “well-meaning” joke in order to put up with insults hurled at us from those who, with their best interests at heart (really?), rejoice in pointing out other people’s flaws—and in sheer blindness to their very own! People know when they are either overweight, heading towards emotional breakdown or failing to meet their own standards. It goes without saying that these very same people have enough moral courage to infer that changes will derive from their own decisions about it and they don’t need any Mr. or Ms. Blind-Leading-the-Blind to highlight their plight.

J. K. Rowling had to put up with the rejection of Harry Potter and the Philosopher’s Stone for twenty times in a row until the young daughter of an editor got hooked. When Beethoven’s vile competitors took pleasure in his deafness, the master laid his ear against the floor to compose his magnificent as well as immortal symphonies. Vincent Van Gogh, perhaps the most renowned postimpressionist artist of all times, sold but one single painting during the whole of his lifetime and perished in utter poverty. He never stooped to paint according to the recommended practices of the sincericidal masters of his day.

And by the way, let’s face it. There is no such someone who can look down on us with their derogatory remarks unless our tacit and perhaps “self-destructive” consent makes room for them. ◙ ◙ ◙

*Daughter of God (in Spanish La hija de Dios) stands for the name given to the contemporary theatrical play starring Dalma Maradona, the daughter of Argentine football legend Diego Maradona.

**University Professor in Letters, journalist and writer.
***Article written by Noemí Carrizo, published in Nueva magazine, UNO Medios, La Capital (Rosario, Argentina) on July 8th, Sunday (2012).

Translated by Delfina Morganti.




04 junio 2012

ENRIQUE DE HÉRIZ, entrevista al autor español de "Mentira" y traductor de "Robinson Crusoe"

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SOBRE LA PUBLICACIÓN DE LA 1ª TRADUCCIÓN ÍNTEGRA AL CASTELLANO DE ROBINSON CRUSOE EN ESPAÑA
Traduciendo a Daniel Defoe
De las tijeras de Julio a las puntadas  de Enrique…
                                                                                                                                                
*Por Delfina Morganti
Si fue Cortázar quien cometió el crimen del recorte, lo hizo al menos siguiendo una costumbre, casi una tradición. No era un loco con unas tijeras.
Enrique de Hériz, En busca de Robinson Crusoe.
Letras Libres, feb.2012.
                                                                                                   
CUANDO UNO LEE QUE SE ACABA de publicar la traducción al español de la obra completa Robinson Crusoe (Daniel Defoe, 1719), es raro no sentirse tentado y pensar: “¿Pero cómo, no estaba traducida ya? ¿Entonces yo… qué leí?”

Sí, claro que ya se había traducido Robinson Crusoe al español; se había traducido, abreviado y adaptado, pero esta es la primera vez que un traductor, Enrique de Hériz, se encarga de recomponer el original en una versión “íntegra” al castellano, es decir, que facilita a los lectores de habla hispana la traducción completa de la que bien tenida por primera gran obra novelística de la literatura inglesa.

De hazañas traductoriles y pesquisas literarias…
En un relato vertiginoso, minado de los artificios propios de la narrativa del suspenso y la cuentística policial, el escritor y traductor español Enrique de Hériz expone, en su artículo En busca de Robinson Crusoe, las aventuras de un cronista un tanto azaroso y otro tanto detectivesco. El cronista es él, de Hériz.

En primera persona y con ese presente histórico que todo lo actualiza y todo lo reformula, Enrique de Hériz nos lleva a recorrer el tramo de pesquisas literarias que protagonizó entre los años 2004 y 2009, período durante el cual rastreó las pistas que podrían explicar los motivos de su colega Julio Cortázar para mutilar “ampliamente” el Robinson Crusoe de Daniel Defoe.

El artículo de de Hériz emana adrenalina, esa adrenalina derivada de la sospecha bien intencionada, de la curiosidad periodístico-traductoril que suscita el ingenio y despierta las ganas de buscar para saber, saber para contar. En busca de Robinson Crusoe invita a vivenciar en carne propia la adrenalina de un escritor (también traductor) devenido en una suerte de “perseguidor” de las pocas huellas que dejó Cortázar cuando éste tradujo— y, de algún modo, redujo— la obra de Defoe. Aquí, uno de los enunciados clave en torno al hallazgo de Enrique de Hériz:

… las primeras páginas del Robinson se reducían a menos de media en la versión de Cortázar. ¡Las primeras! ¡Qué torpeza! Así de entrada, sin el menor disimulo […] Me negaba a creer que Cortázar hubiera sido tan bruto.

Ahora bien, para quienes Cortázar simboliza una auténtica fuente de inspiración y, como diría Harold Bloom, de “influencia literaria”, toparse con semejante caracterización de su trabajo puede resultar algo perturbador, e ir en detrimento hasta del propio instinto, del propio ego. Sin embargo, así como de Hériz cuestiona e interpela el proceder de su colega, también hipotetiza equitativamente en favor de Cortázar, pues quiere encontrar evidencia para  “perdonarlo”. En consecuencia, caben dos posibilidades: o bien Cortázar se tomó la licencia— ¡ese lujo inconcebible!—de efectuar recortes del original en su traducción al español, o bien dichos recortes son, como no extrañaría, el resultado del misterioso obrar de los “duendes de la imprenta”, como los llama de Hériz. A fin de cuentas, el autor afirma que todavía se ignora “quién mandó cortar a quién”:

Pudo ser alguien de la editorial que se lo encargó (Viau, Buenos Aires, 1945): era una práctica común en esos tiempos. Pudo ser él mismo: es sabido que se tomaba ciertas libertades al traducir algunos textos y más de una vez hizo referencia a la siempre sospechosa libertad recreadora que conviene conceder a los traductores.

Contextualizado ya nuestro entrevistado, cabe agregar que lo fascinante de su “hazaña” en torno a la obra de Defoe y la tradición legada por Cortázar no radica sólo en las interesantísimas pesquisas pertinentes al misterio de quién hizo qué y cómo y por qué. Las aventuras de Enrique de Hériz apenas comenzaban cuando descubrió, en parte por azar, que la traducción de Cortázar prescindía de párrafos enteros en comparación con el original de Robinson.

Poco después de que se publicara un artículo suyo en el Periódico de Cataluña, de Hériz recibió una propuesta del editor Daniel Fernández (presidente y editor de Edhasa) para que tradujera él mismo Robinson Crusoe. ¿Primera reacción?

… ¿Traducir Robinson Crusoe? ¿Un texto de 1719? […] ¿Hacerlo a riesgo de que se interpretara que era contra Cortázar? Loco, sí: él por proponérmelo; y yo si me atrevía siquiera a jugar con la idea.

Aunque, en segundo lugar…

 … ¿Traducir Robinson Crusoe? ¿Los tres volúmenes? […] Había que estar loco para no hacerlo.

                                                                                                                                                                                     
DE ESCRITORES >
Entrevista exclusiva a Enrique de Hériz
                                                                                                         
Enrique de Hériz, leyendo uno de los tomos
de su traducción.
 “Jamás se había traducido Robinson Crusoe de manera íntegra y fidedigna. A partir de ahí, Cortázar empezaba a no importar tanto. Se trataba simplemente de hacerlo. Y de hacerlo de una manera honesta”.
AÑO 2012: Enrique de Hériz publica su traducción de los tres tomos de Las Aventuras de Robinson Crusoe. Se saca el gusto de hacerle justicia al original, se despoja del prejuicio en torno al trabajo de Julio Cortázar pero no de las sospechas iniciales a propósito de su traducción, y quizás hasta llegue a preguntarse (o quizás no) si no se trataría ésta de una de aquellas causalidades cortazarianas de la vida y la literatura. Pensándolo bien, parecería como si, en primera instancia por lo menos, el proyecto lo hubiera buscado a de Hériz más que él al proyecto… ¿Las fuerzas del cosmos? ¿La voluntad de seres ultramundanos, Defoe y Cortázar? ¿El editor, quien lleva en su nombre la insignia del original, “Daniel”? ¿El tarot? Bah, quizás nada de eso… ¡O todo junto! En fin, su espontaneidad y humor no necesitan más preámbulos. La evidencia está a la vista.
“Soy novelista antes que traductor y hago cuanto haya que hacer por diferenciar las dos tareas”. 
DELFINA: A propósito de su traducción al español de Robinson Crusoe publicada recientemente por Edhasa, ¿qué diría que implica traducir a Defoe después de Cortázar?

ENRIQUE: Si no hubiera leído la traducción en serio, cotejándola con el original, el enorme peso del nombre de Cortázar (de quien yo mismo he sido y sigo siendo lector devoto) habría significado un gran peso, tal vez excesivo. Sin embargo, lo que me animó a emprender la tarea fue precisamente el descubrimiento de que su traducción estaba mutilada severamente. No hablamos de cambios menores motivados por cuestiones de criterio, sino de un texto cercenado en casi un 30 por ciento. Ese descubrimiento me llevó a una investigación que, tras muchas y muy largas peripecias, terminó en la constatación de que jamás se había traducido Robinson Crusoe de manera íntegra y fidedigna. Incluso había un tercer volumen jamás traducido. A partir de ahí, Cortázar empezaba a no importar tanto. Se trataba simplemente de hacerlo. Y de hacerlo de una manera honesta.

DELFINA: Como traductor escritor, ¿cree usted en la “libertad creadora que conviene conceder a los traductores”? ¿Hay un Enrique que escribe y otro que traduce?

ENRIQUE: Aunque hace muchos años que traduzco y en determinadas épocas ha sido mi dedicación central, desde hace ya bastantes años soy novelista antes que traductor. Publico mi obra y hago cuanto haya que hacer por diferenciar las dos tareas. Por supuesto, creo que el traductor debe gozar de la necesaria libertad para traerse del texto original algo más que el estricto significado. Tengo el privilegio de que mis novelas se traduzcan a ciertos idiomas y cada vez que firmo un contrato para cualquier nueva lengua lo primero que hago es mandar un mail al traductor animándolo a “traicionarme tanto como sea necesario”. Pero la segunda parte de esta proposición también es importante. El margen de la libertad, de re-creación del original debe forzosamente mantenerse en los límites estrictamente necesarios para transportar de un idioma a otro el significado de la manera más completa. Desconfío de aquellos traductores que se ufanan de haber “mejorado” el original. Y, obviamente, me parece deplorable que se use la libertad, la re-versión, para justificar lo que en muchos casos son meras mutilaciones.

D: En el artículo de su autoría En busca de Robinson Crusoe (Letras Libres, feb. 2012), usted advierte que “el texto de Julio Cortázar no sólo tiene supresiones graves y sistemáticas…”. Si tuviera que apuntar un contraste, ¿en qué se asemeja y en qué se diferencia su traducción de la de Cortázar?

E: Fácil: la mía es íntegra y fidedigna. Más allá de la calidad literaria, subjetiva y opinable, simplemente contiene todo el texto que escribió Defoe. La de Cortázar, por cuestiones que nadie podrá aclarar mientras no se sepa de qué texto original tradujo, contiene recortes sistemáticos gravísimos.

D: En algún pasaje del artículo citado escribe que “necesitaba perdonar a Cortázar” por sus “recortes” al traducir a Defoe. ¿Hay algo que los lectores de la nueva traducción deban perdonarle a usted?

E: Qué sé yo. Cuando hablo de perdonar a Cortázar me refiero a que, por la devoción que he sentido por él como escritor, me costó mucho aceptar su implicación (activa o pasiva, a saber) en esta mutilación. Mientras trataba de averiguar qué había pasado, ardía en deseos de encontrar a alguien a quien trasladar toda la culpa, para así liberarlo a él. Cabe la posibilidad de que algún lector que siga buscando ese Robinson simplificado, reducido a la mera condición de “novelita de aventuras juvenil” tenga que perdonarme el haberla traducido como lo que en realidad era: un texto importantísimo por su contribución a la fundación del género novelístico tal como se entiende en la actualidad y, en consecuencia, algo más  denso y prolijo de lo que nos hicieron creer las versiones mutiladas.

D: ¿Qué diría Cortázar de la traducción de Enrique de Hériz? ¿Y Defoe?
E: Probablemente Cortázar diría: “¿Y quién es ese pelotudo?” Y tal vez aprovecharía para contar qué ocurrió: quién cortó qué y por mandato de quién. Ojalá. En cuanto a Defoe, no me cabe duda de que diría: “Gracias, por fin”. Las primeras mutilaciones severas de su obra se dieron en vida de Defoe. De hecho, apenas semanas después de la publicación del primer volumen de Robinson aparecieron ya las primeras ediciones piratas. a juzgar por el dramatismo de sus lamentos, que constan por escrito en los prefacios de las siguientes entregas, la noticia de que alguien (¡293 años después!) se decidiera a traducir por primera vez los dos volúmenes sin voluntad de recortarlos ni adaptarlos a un público juvenil que él nunca buscó le parecería, estoy seguro, un mero acto de justicia.

D: Yendo al plano de la traducción literaria en general, ¿cómo hace un traductor nóvel para ingresar al mercado editorial?

E: Entiendo que no se me pregunta cómo deberían ser las cosas, sino cómo son. En ese caso, me temo que la respuesta es fácil: acepta que le paguen menos todavía de lo muy poquito que cobran los que ya se ganaron un nombre. Acepta que le encarguen cualquier cosa. Acepta pasar demasiado tiempo traduciendo no importa qué. Consigue ser bueno en un sentido funcional (es decir, resolver los problemas que genere la traducción sin dar demasiado laburo a quien se la encargó), no incumple jamás una fecha, trabaja bien bajo la presión de unas urgencias ridículas y se esfuerza por ser simpático. Si se da todo eso y además no es demasiado malo y tiene ese puntito de suerte tan necesario para todo en la vida, puede que salga adelante. ◘ ◘ ◘

DELFINA MORGANTI
para blog académico-periodístico De Artículos y Revisiones.

16 marzo 2012

Y usted, ¿por qué escribe?

Licencia de Creative Commons

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Y usted... Dice que escribe... 
¿Todavía no se preguntó por qué? 
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Texto: Delfina Morganti.
Edición: Jorgelina B. Herández.
                                                        
NOTA PRELIMINAR
Dudé bastante en publicar este escrito. No es difícil responder por qué. Simplemente porque no es fácil ponerse a reflexionar sobre el motivo del propio arte. Y escribir—honestamente, sin presumir—ya sea para publicados como para inéditos, escribir es un arte.

Cuando leo una entrevista a algún escritor y ésta llama mi atención, más allá de que lo conozca, lo haya leído o no, enseguida me siento tentada de ir respondiendo las preguntas a la par del entrevistado. Viajo con mi mente hacia el lugar que se describe en los párrafos previos a revelar la primera pregunta, tomo el café con el entrevistador, y no sé muy bien cómo pero cada pregunta dirigida a él acabo respondiéndola también yo. 

Este tipo de experiencia es multisensorial. No respondo en voz alta, y pocas veces registro por escrito lo que hubiera respondido de haber estado en lugar de tal o cual... Pero mis ojos casi pueden vislumbrar al entrevistador, y a través del sentido del gusto y el olfato obtengo el placer de beber ese café que leo que toman mientras comienza la entrevista. (Aunque yo preferiría una lágrima en jarrita).

LA ENTREVISTA
La entrevista como género periodístico me resulta fascinante. El periodista que transcribe la grabación puede no ser el mismo que escribe las palabras introductorias. O a veces sí. 

De cualquier modo, al lector de la nota le llega todo a través de los periodistas. Las imágenes visuales, ciertas actitudes del entrevistado, los titubeos si los hubo, las miradas inseguras... Todo esto está en manos de la capacidad, las ganas, el tiempo y el espacio gráfico del que disponga el periodista para reflejarlo en menor o mayor medida en el texto final. O, mejor dicho, en la versión "final" del texto. El momento de la entrevista en sí ya pasó, el "enviado especial" fue el periodista que tomó notas, grabó las respuestas, y absorbió las actitudes del entrevistado en ese instante irrepetible. Cuando el lector lea, va a "tocar de oído", pero a veces las notas logran afinación y eso se debe al talento del periodista que sabe recopilar el momento efímero.

Sí, la entrevista es un momento efímero de enunciación como tantos otros. Y, al igual que ocurre con las noticias, es inevitable que el periodista haya estado antes que el lector. Pero la entrevista, como género, tiene algo más que la vuelve particular. Cuando un lector se asoma a una entrevista, espera encontrar al entrevistado al "desnudo". Quiere descubrirlo, leer en sus respuestas las verdades que no saltan a la vista cuando lo sintoniza actuando en la tira que protagoniza a diario, o cuando lo lee a través de su último best-seller, o cuando lo escucha entonar su última canción en un concierto. En la entrevista, el periodista no es sólo quien hace las preguntas en el momento de la reunión con el entrevistado. Allí, en el "vivo", puede que sea quien pregunte y  ceda la palabra, quedando por momentos en segundo plano. Pero a la hora de transcribir para publicar, a la hora de introducir las respuestas obtenidas, el entrevistador es quien lleva a cabo la tarea más importante: redactar para difundir, con éxito, esa entrevista. 

Es el periodista quien tiene el poder otra vez, el que decide hasta dónde quiere contar de todo lo que vio, escuchó, grabó. Mientras que primero aparece como el que levanta la mano, aquel que modestamente hace las preguntas y escucha con paciencia y respeto, más tarde es el redactor de la entrevista y tiene su revancha: la historia que escuchó se la contará a otros, y para ello la experiencia será filtrada por su punto de vista, quiérase o no, lo perciba él o no. Ahora, desde su visión y con su propia voz, pasa a ejecutar la traducción intersemiótica: entre medios distintos de comunicación y difusión, traduce del medio oral al escrito. 
Algunos ponderamos la figura periodística detrás de las preguntas, y sin embargo hay periodistas que dedican apenas algunas oraciones frías a preparar el terreno para revelar la "fotografía" que es el cúmulo de respuestas recaudadas del entrevistado. Por fortuna para los que nos interesa el "detrás de escena" de los textos, hay otros que se esmeran un poco más, quizás porque cuentan con un mayor espacio gráfico les permite esmerarse más.

ENTREVISTA A PAUL AUSTER: EL CUERTPO EN EL QUE HABITO, REVISTA Ñ, 18/02/2012
La entrevista al escritor estadounidense Paul Auster por parte de Patricia Kolesnicov y Andrés Hax para la revista Ñ (#438, publicación impresa de fecha 18/02/2012), fue una de esas que valió la pena leer y archivar. Como entrevista, no puedo menos que calificarla como una verdadera obra de arte. Los periodistas se ocuparon de ir vertiendo descripciones breves y paso a paso de lo que fue entablar conversación con un best-seller como lo es el popular escritor Paul Auster. 

Siempre dudo de antemano de los frutos que pueda llegar a dar la co-autoría en el periodismo, pero Kolesnicov y Hax parecen complementarse a la perfección a lo largo de todo su texto.

LA (NO) INVITADA
¿Cómo no sentirse parte de la situación, entonces, cuando ellos mismos recrean la realidad del "aquí" y "ahora" a lo largo de la entrevista? ¿Cómo ser indiferente cuando las partes (los periodistas por un lado y el entrevistado por el otro) se conjugan tan bien para declinar el todo? ¿Cómo no sentirse invitado a jugar a responder como si uno hubiera estado allí?

Lo que sigue a continuación es la versión recortada de algo que empezó como un collage... ¿o se le llama pastiche? No importa, no viene al caso. Cuando le comenté a alguien sobre el texto que sigue, yo misma le dije que se me había ocurrido una idea "absurda": jugar al "hacer de cuenta que", pero por escrito...

[...] Kolesnicov y Hax parecen complementarse a la perfección a lo largo de todo su texto...
CUALQUIER COINCIDENCIA CON LA REALIDAD...
Según datos que rescaté de la nota en Ñ y en sitios Web al respecto, la verdadera entrevista ocurrió el 2 de febrero en Brooklyn. Así que de alguna manera, para leer la escena que viene, invito al lector a que crea por un momento que el personaje que me representa, "D", estuvo allí; que se sentó en la misma mesa a tomar un café (o mejor una lágrima en jarrita), junto a Patricia (PK), Andrés (H) y Auster (AUS). Mi voluntad: que se lea esta como ficción posible, no como el resultado de una alucinación momentánea.

Aquí tengo la oportunidad de responder preguntas que nadie me ha hecho y formuladas por quienes ignoran mi existencia. Por ahora, al menos, los periodistas Patricia Kolesnicov y Andrés Hax ignoran que existo. Aunque ojalá leyeran este delirio literario. Y mejor si Paul Auster, que tampoco me conoce, no lee el español. La tentación de digitalizar esta breve escena es irresistible, porque las preguntas que formularon los periodistas de Ñ a Auster son universales para cualquiera que se considere escritor, y como dice Oscar Wilde, "la única forma de lidiar con la tentación es rindiéndose a sus pies". 

N.B: Eso es lo que tiene también la ficción: uno puede autoconvertirse en personaje. Puede entrar y salir cuando quiera. O puede no salir jamás—aunque, por las dudas, es bueno saber que no salir nunca más conlleva más riesgos que dejarse tentar por las aventuras de Peter Pan. Pero ese es tema para otra ocasión. Ahora, la escena:
                              ESCENA TEATRAL  
Entre-vistas
PERSONAJES
PK
periodista, mujer.

H
periodista, hombre.

AUS
escritor best-seller, estadounidense

D
escritora inédita

F
fotógrafa

ESCENA
2 de febrero de 2012. Son las dos de la tarde en un café de Brooklyn, Nueva York. Afuera hace frío pero éste no congela. El público espectador de la escena se encuentra en oposición a lo que es la puerta de entrada al bar-café. La puerta se halla al costado derecho del escenario. Sobre el escenario, una mesa cuadrada de madera, apartada en un rincón. Está ubicada en aquel rincón derecho y casi en la misma línea de la puerta.
PK y H se sientan frente a los escritores que van a entrevistar, quienes, contra todas las reglas de escenografía y representación, actuarán de espaldas a la puerta de entrada y a la audiencia. De frente al rincón estará la fotógrafa. Los periodistas comienzan a grabar.

PK (a un AUS serio, un AUS con los párpados caídos y casi impaciente): [...] Y bien, ¿conoce a D?

AUS (no está seguro de haber escuchado bien): ¿Disculpe?

PK: Si conoce a D.

AUS: Ah... No, no.

K (a D) Y usted, ha leído a Auster...

D: He leído sobre él.

H: ¿Pero lo leyó a él? ¿Leyó sus novelas?

D: No.

(Pausa).

H: Bien... (Hace una pausa, consulta sus notas rápidamente. Se dirige a AUS. Le pregunta si, al igual que algunos de sus contemporáneos, a él ya no le interesa la ficción desde el lugar de lector. Auster responde que mientras escribe una novela le resulta difícil leer a otros. Pero que entre libro y libro, por supuesto que lee, porque por un lado tiene amigos escritores a quienes le interesa seguir, y por el otro le gusta releer obras que ya conoce. H asiente, le cede la palabra a D.)**

D: En mi caso, leo bastante entre libro y libro. Pocas veces dejo de leer. Creo que el seguir alimentándome de otros textos mientras escribo el propio deja abierta la puerta a nuevas ideas que pueden generar cambios positivos en mis historias. A veces un texto ajeno despierta algo que estaba dormido en mi imaginación y termino incorporando ese elemento a mi novela. Otras veces leer otras cosas mientras me dedico a la mía hace que, por entrar y salir de los mundos creados por otros, mundos ajenos, no me aburra de mis propios personajes o de mi línea de pensamiento. En general, cuando escribo no me dedico a escribir una sola historia de lleno y de una vez. Igual que cuando leo. Leo mínimo de a dos libros a la par. Necesito ir rotando, buscar el cambio en la ficción.

(Toma la palabra PK y le pregunta a AUS si le preocupan las traducciones que se hacen de sus obras. Él responde que no conoce tantas lenguas como para controlar la calidad de todas las traducciones, y que por costumbre suele confiar en el traductor a cargo. PK mira a D para cederle la palabra).

D: La verdad es que no he publicado ninguna de mis novelas todavía, sólo notas periodísticas, algunas críticas y poesías en medios locales. No sé lo que se siente ser traducido aún. Pero creo que las traducciones de mis libros me preocuparían un poco, como a cualquier escritor. No llegaría a obsesionarme, porque sé lo que es traducir la obra de otro y que estén tan pendiente de tu trabajo. Es molesto. Yo no iría detrás de cada decisión del traductor a cuestionarlo si conociera su lengua. Tampoco confío en que yo podría traducir de manera objetiva mis novelas. Creo que, sabiendo qué quise decir en cada línea, reescribiría la obra. Haría "trampa", y ya no sería una traducción sino la adaptación del texto que escribí, y hecha por mí misma. No, creo que sería curioso ver qué hace un colega con mi texto y experimentar la sensación de que te traduzcan.

(Ahora habla H y se refiere a Diario de invierno, de AUS. H le pregunta si existe un AUS que vive y otro que se dedica a escribir. AUS responde cómodamente que siempre marcó esa diferencia, entre el "yo que escribe y el biográfico, el hombre que paga sus impuestos [...]"**)

D: Que me diversifico en otros roles aparte del de escritora y sin dejar de ser escritora es verdad. Pero no sé si soy tan distinta como escritora que como ser vivo. Para mí escribir es algo natural, es un hábito, y a la vez una adicción... Pero sin la idea de vicio que conlleva la adicción. Es algo que hago desde siempre, pero que no es necesariamente rutinario. A veces me autoentrevisto, porque soy muy exigente conmigo misma, y corrijo y critico bastante lo que escribo. Las entrevistas a mí misma me sirven para escuchar qué quise decir. Y después ir a compararlo con lo que dije. Casi siempre hay huecos (a veces más grandes y otras no tanto) entre una cosa y otra. Y por lo general pasan dos o tres borradores hasta que sale la versión "final" de un texto. Pero autoentrevistarme no me divide, me parece. Es como jugar a la maestra: hacés de maestra y podés hacer la voz del alumno. Sos siempre vos, jugando roles diferentes en cada caso y casi simultáneamente. Son como monólogos múltiples. No creo que haya oposición, diferencia, o contrariedad en ser uno y varios a la vez. Es como actuar diferentes papeles. Nadie se murió por ser A y B o A, B y C en la misma obra de teatro, en diferentes actos. A veces, con los trucos del cine y la televisión, hasta en la misma escena. Creo que el escritor, al igual que cualquier artista, tiene la capacidad y la posibilidad más que legítima de hacer esto. Por otro lado, en la autoentrevista uno puede hacer un trabajo de introspección irremplazable. Ni siquiera cuando otro te pregunta lo que vos te preguntarías a vos mismo terminás respondiendo igual, o todo lo que tenías para decir. Porque hablar con otro supone apropiarse del tiempo del otro, y a veces por no aburrir o no cansar, o no escucharse uno la propia voz durante tanto tiempo teniendo a alguien en frente, uno habla menos. Pero si te entrevistás a vos mismo, más allá de que después te escuches o no, te transcribas o no, sabés que no hay nadie más juzgándote. No, mi yo es siempre uno, pero a veces le gusta jugar a ser otros además de mí.

(PK la mira y piensa en recomendarle un especialista, pero no lo hace. Luego se dirige a AUS con una sonrisa y le pregunta qué ocurre en los casos en que usa sus vivencias como base para la ficción. AUS dice que eso es bastante común entre los novelistas, pero que si toma elementos de su vida real, en la ficción se convierten meramente en eso, en ficción; se transforman. Responderá D algo parecido).

D: Como dice AUS, casi todos los novelistas ponemos fragmentos de nuestra experiencia de vida en los libros. En mi caso particular, lo hago muy seguido porque me gusta transformar, no calcar. Calcar de la realidad me aburre, y no me dan ganas de leer lo que escribo si calco lo que viví o a una persona. A lo mejor un detalle mientras caminaba por la calle me hace pensar en la idea para un cuento. O tomo los rasgos de una personalidad que conozco bien y los sumo a algún personaje en construcción. Pero siempre que hago esto recreo, reelaboro. Y a veces soy honesta con las personas que me inspiran. Les advierto que alguna de sus partes forman parte de algún espécimen ficticio en mi libro. Por lo general se ríen. Nadie lo toma muy en serio, y quizás sea mejor así.

(H se vuelve hacia AUS y le pregunta si como escritor es capaz de "convocar" la inspiración, el momento indicado y justo para volcar las ideas tal cual le surgen en la ficción. Auster niega poder "convocarlo"** y confiesa que ahora se suelta más cuando escribe, que antes se ponía metas más estrictas, premeditaba mucho acerca de lo que escribiría después. Luego los periodistas dirigen la mirada intimidatoria a D).

D: Yo trabajo mucho con borradores a mano. Escribo bastante en papel. Me doy cuenta de que si cuento con un borrador a mano y tipeo después, sale mejor la versión final que si directamente tipeara en la computadora y luego corrigiera una o dos veces. Aunque de todas maneras eso depende del texto. Por lo general, para escribir una nota periodística, dado que quiero publicar en sintonía con el momento en que las cosas pasan, escribo en la computadora de entrada. La verdad no sé si alguien puede convocar la epifanía naturalmente. Creo que es mejor si es espontánea. No suelo obligarme a escribir de una forma u otra. A veces me interesa crear cierto efecto, entonces me valgo de algunos recursos que estudié o conozco. Otras veces dejo que fluya todo más. Me gustan los textos que se leen como frescos pero están cuidados. Es decir, que se leen como algo natural, pero que no por eso son cualquier cosa, un libre fluir de lo que sea. Si escribo periodismo, busco la frescura cuidada. Si escribo ficción, planifico mucho más, hago el borrador a mano, y cuando corrijo también reescribo y ahí creo el efecto. Porque en el primer borrador la ansiedad de contar la historia me gana, y pocas veces me sale crear el efecto que quiero en el primer intento. Eso cuando escribo ficción.

(PK hace una pregunta a AUS que está vinculada con la anterior y éste sostiene que las personas se convierten en artistas porque no se sienten del todo integradas. "Algo anda mal con nosotros", dice AUS, "padecemos alguna cosa". Parece que desde la concepción de AUS, el escritor tiene una enfermedad y encuentra en la escritura, en el hacer arte, la mejor forma de combatirla. H retoma la palabra y está por seguir entrevistando a AUS, pero D interrumpe).

D: Perdón...

H: ¿Sí? (Controla el grabador).

D: Nada más quisiera opinar sobre lo último que dijo AUS...

PK: Tendríamos que avanzar con la entrevista a AUS, por los tiempos. Ya estamos terminando... Al final, si lo desea, podría...

D: Es breve, en serio.

(PK y H se miran, como si al haber escuchado la palabra "breve" hubieran descubierto el significado que tiene según D.)

D: (sin que nadie le diera el sí para hablar) Siempre pienso que crear es parte de la naturaleza del hombre, que desde siempre el hombre ha creado para subsistir. No creo que tenga que ver con una patología especial que padezcan algunos sí y otros no, y que los primeros sean artistas por eso. Sí es verdad que el arte ofrece una vía de expresión única y que quizás no a todos les sienta bien. Pero dudo de que todos los que escriben lo hagan para hacer su aporte al mundo. A veces me encuentro con gente que escribe para ahogar sus penas, para burlarse por escrito de aquello o aquellos de los que no se animan a burlarse cara a cara, y otros escriben porque saben que van a vender muy bien. Pero no diría que todos hacemos arte con esa sensación de vacío que parece plantear AUS. Algunos lo hacen para expresar emociones positivas. Aunque es verdad que los despechados suelen vender más volúmenes que los que cuentan cuentos de hadas.

(H reanuda su mirada hacia AUS. Le pregunta qué recomendación daría a todos aquellos que quieren ser escritores. A medida que AUS va respondiendo, PK se ríe con empatía. AUS sonríe con los ojos, que le brillan porque escucha lo que él mismo dice y parece estar divirtiéndose con la variedad improvisada de su ingenio en la respuesta. Él advierte que su consejo para aquellos que quieran ser escritores es que no lo sean; que los espera una ardua experiencia de vida solitaria, sin reconocimiento y sin dinero. Y a su vez retruca que aquellos que lo escuchen y sigan este consejo son los que no tienen lo que se necesita para ser escritor. En cambio, el que frente al panorama de la adversidad, afirme tercamente que aún así quiere ser escritor, entonces debería serlo**. La misma pregunta le hacen PK y H a D.)

D: Siempre que alguien me comenta que le gustaría escribir pero que no se anima lo incentivo para que lo haga. Le digo que no se trata de escribir "bien" o "mal", sino de escribir para uno mismo. No digo que de cien personas que se animan a escribir, cien se conviertan en escritores reconocidos y profesionales. Pero ya el hecho de que se animen, de que se enfrenten a la hoja en blanco y asuman el riesgo, les va a dar la sensación de que por fin saltaron del trampolín que les tentaba tanto saltar y no sabían muy bien cómo. Si de ahí en más, lo que esas personas ganan en fortaleza y confianza deciden o no usarlo como recurso para seguir escribiendo, dependerá de ellos. A algunos les basta con despojarse de tres o cuatro líneas en un poema, o algunas páginas en un cuento que se transforma en la obra maestra de sus vidas pero que no quieren leer jamás. Otros sentimos que los renglones no son suficientes, y que tendríamos que empezar a plantar árboles en el jardín de casa para compensar por el papel que usamos. Esos somos los que ejercemos la escritura casi al tiempo que respiramos, hasta que los pulmones sean los que digan "basta", y a lo mejor ni siquiera ahí llegamos a haber escrito todo lo que pensábamos escribir. 

(Hay una pausa. Suben la música en el bar. La fotógrafa captura una o dos fotos del momento, y D se vuelve una presencia efímera, fantasma que en un abrir y cerrar de ojos se encuentra leyendo una entrevista a Paul Auster en la mesa del comedor de su casa).

FIN.- 

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Referencias
*N.B: Esta escena entiende a todas sus entidades partícipes como personajes ficticios. Fue pensada dentro del dominio exclusivo de la ficción y sin pretender ocasionar daños o perjuicios a los periodistas, grupo editorial y escritor entrevistado a los que se hace explícita referencia en la sección PREÁMBULO. Por el contrario, pretende rendir homenaje a la nota realizada por Patricia Kolesnicov y Andrés Hax titulada El cuerpo en el que habito al escritor Paul Auster (Revista Ñ, Clarín, el 18/02/2012)

**Las preguntas narradas y dirigidas al personaje de "AUS" son paráfrasis de fragmentos de El cuerpo en el que habito, entrevista publicada en la versión impresa de revista Ñ (Grupo Clarín) el día 18/02/2012 en su Nº438. Han servido de inspiración para esta escena las fuentes audiovisuales publicadas por Ñ en el sitio Web YouTube. 
Las respuestas atribuidas al personaje de "AUS" también son paráfrasis de las respuestas originales recogidas de las fuentes citadas arriba.

Texto por: Delfina Morganti.
Edición a cargo de: Jorgelina B. Herández.