16 marzo 2012

Y usted, ¿por qué escribe?

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Y usted... Dice que escribe... 
¿Todavía no se preguntó por qué? 
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Texto: Delfina Morganti.
Edición: Jorgelina B. Herández.
                                                        
NOTA PRELIMINAR
Dudé bastante en publicar este escrito. No es difícil responder por qué. Simplemente porque no es fácil ponerse a reflexionar sobre el motivo del propio arte. Y escribir—honestamente, sin presumir—ya sea para publicados como para inéditos, escribir es un arte.

Cuando leo una entrevista a algún escritor y ésta llama mi atención, más allá de que lo conozca, lo haya leído o no, enseguida me siento tentada de ir respondiendo las preguntas a la par del entrevistado. Viajo con mi mente hacia el lugar que se describe en los párrafos previos a revelar la primera pregunta, tomo el café con el entrevistador, y no sé muy bien cómo pero cada pregunta dirigida a él acabo respondiéndola también yo. 

Este tipo de experiencia es multisensorial. No respondo en voz alta, y pocas veces registro por escrito lo que hubiera respondido de haber estado en lugar de tal o cual... Pero mis ojos casi pueden vislumbrar al entrevistador, y a través del sentido del gusto y el olfato obtengo el placer de beber ese café que leo que toman mientras comienza la entrevista. (Aunque yo preferiría una lágrima en jarrita).

LA ENTREVISTA
La entrevista como género periodístico me resulta fascinante. El periodista que transcribe la grabación puede no ser el mismo que escribe las palabras introductorias. O a veces sí. 

De cualquier modo, al lector de la nota le llega todo a través de los periodistas. Las imágenes visuales, ciertas actitudes del entrevistado, los titubeos si los hubo, las miradas inseguras... Todo esto está en manos de la capacidad, las ganas, el tiempo y el espacio gráfico del que disponga el periodista para reflejarlo en menor o mayor medida en el texto final. O, mejor dicho, en la versión "final" del texto. El momento de la entrevista en sí ya pasó, el "enviado especial" fue el periodista que tomó notas, grabó las respuestas, y absorbió las actitudes del entrevistado en ese instante irrepetible. Cuando el lector lea, va a "tocar de oído", pero a veces las notas logran afinación y eso se debe al talento del periodista que sabe recopilar el momento efímero.

Sí, la entrevista es un momento efímero de enunciación como tantos otros. Y, al igual que ocurre con las noticias, es inevitable que el periodista haya estado antes que el lector. Pero la entrevista, como género, tiene algo más que la vuelve particular. Cuando un lector se asoma a una entrevista, espera encontrar al entrevistado al "desnudo". Quiere descubrirlo, leer en sus respuestas las verdades que no saltan a la vista cuando lo sintoniza actuando en la tira que protagoniza a diario, o cuando lo lee a través de su último best-seller, o cuando lo escucha entonar su última canción en un concierto. En la entrevista, el periodista no es sólo quien hace las preguntas en el momento de la reunión con el entrevistado. Allí, en el "vivo", puede que sea quien pregunte y  ceda la palabra, quedando por momentos en segundo plano. Pero a la hora de transcribir para publicar, a la hora de introducir las respuestas obtenidas, el entrevistador es quien lleva a cabo la tarea más importante: redactar para difundir, con éxito, esa entrevista. 

Es el periodista quien tiene el poder otra vez, el que decide hasta dónde quiere contar de todo lo que vio, escuchó, grabó. Mientras que primero aparece como el que levanta la mano, aquel que modestamente hace las preguntas y escucha con paciencia y respeto, más tarde es el redactor de la entrevista y tiene su revancha: la historia que escuchó se la contará a otros, y para ello la experiencia será filtrada por su punto de vista, quiérase o no, lo perciba él o no. Ahora, desde su visión y con su propia voz, pasa a ejecutar la traducción intersemiótica: entre medios distintos de comunicación y difusión, traduce del medio oral al escrito. 
Algunos ponderamos la figura periodística detrás de las preguntas, y sin embargo hay periodistas que dedican apenas algunas oraciones frías a preparar el terreno para revelar la "fotografía" que es el cúmulo de respuestas recaudadas del entrevistado. Por fortuna para los que nos interesa el "detrás de escena" de los textos, hay otros que se esmeran un poco más, quizás porque cuentan con un mayor espacio gráfico les permite esmerarse más.

ENTREVISTA A PAUL AUSTEREL CUERTPO EN EL QUE HABITO, REVISTA Ñ, 18/02/2012
La entrevista al escritor estadounidense Paul Auster por parte de Patricia Kolesnicov y Andrés Hax para la revista Ñ (#438, publicación impresa de fecha 18/02/2012), fue una de esas que valió la pena leer y archivar. Como entrevista, no puedo menos que calificarla como una verdadera obra de arte. Los periodistas se ocuparon de ir vertiendo descripciones breves y paso a paso de lo que fue entablar conversación con un best-seller como lo es el popular escritor Paul Auster

Siempre dudo de antemano de los frutos que pueda llegar a dar la co-autoría en el periodismo, pero Kolesnicov y Hax parecen complementarse a la perfección a lo largo de todo su texto.

LA (NO) INVITADA
¿Cómo no sentirse parte de la situación, entonces, cuando ellos mismos recrean la realidad del "aquí" y "ahora" a lo largo de la entrevista? ¿Cómo ser indiferente cuando las partes (los periodistas por un lado y el entrevistado por el otro) se conjugan tan bien para declinar el todo? ¿Cómo no sentirse invitado a jugar a responder como si uno hubiera estado allí?

Lo que sigue a continuación es la versión recortada de algo que empezó como un collage... ¿o se le llama pastiche? No importa, no viene al caso. Cuando le comenté a alguien sobre el texto que sigue, yo misma le dije que se me había ocurrido una idea "absurda": jugar al "hacer de cuenta que", pero por escrito...

[...] Kolesnicov y Hax parecen complementarse a la perfección a lo largo de todo su texto...
CUALQUIER COINCIDENCIA CON LA REALIDAD...
Según datos que rescaté de la nota en Ñ y en sitios Web al respecto, la verdadera entrevista ocurrió el 2 de febrero en Brooklyn. Así que de alguna manera, para leer la escena que viene, invito al lector a que crea por un momento que el personaje que me representa, "D", estuvo allí; que se sentó en la misma mesa a tomar un café (o mejor una lágrima en jarrita), junto a Patricia (PK), Andrés (H) y Auster (AUS). Mi voluntad: que se lea esta como ficción posible, no como el resultado de una alucinación momentánea.

Aquí tengo la oportunidad de responder preguntas que nadie me ha hecho y formuladas por quienes ignoran mi existencia. Por ahora, al menos, los periodistas Patricia Kolesnicov y Andrés Hax ignoran que existo. Aunque ojalá leyeran este delirio literario. Y mejor si Paul Auster, que tampoco me conoce, no lee el español. La tentación de digitalizar esta breve escena es irresistible, porque las preguntas que formularon los periodistas de Ñ a Auster son universales para cualquiera que se considere escritor, y como dice Oscar Wilde, "la única forma de lidiar con la tentación es rindiéndose a sus pies". 

N.B: Eso es lo que tiene también la ficción: uno puede autoconvertirse en personaje. Puede entrar y salir cuando quiera. O puede no salir jamás—aunque, por las dudas, es bueno saber que no salir nunca más conlleva más riesgos que dejarse tentar por las aventuras de Peter Pan. Pero ese es tema para otra ocasión. Ahora, la escena:
                              ESCENA TEATRAL  
Entre-vistas
PERSONAJES
PK
periodista, mujer.

H
periodista, hombre.

AUS
escritor best-seller, estadounidense

D
escritora inédita

F
fotógrafa

ESCENA
2 de febrero de 2012. Son las dos de la tarde en un café de Brooklyn, Nueva York. Afuera hace frío pero éste no congela. El público espectador de la escena se encuentra en oposición a lo que es la puerta de entrada al bar-café. La puerta se halla al costado derecho del escenario. Sobre el escenario, una mesa cuadrada de madera, apartada en un rincón. Está ubicada en aquel rincón derecho y casi en la misma línea de la puerta.
PK y H se sientan frente a los escritores que van a entrevistar, quienes, contra todas las reglas de escenografía y representación, actuarán de espaldas a la puerta de entrada y a la audiencia. De frente al rincón estará la fotógrafa. Los periodistas comienzan a grabar.

PK (a un AUS serio, un AUS con los párpados caídos y casi impaciente): [...] Y bien, ¿conoce a D?

AUS (no está seguro de haber escuchado bien): ¿Disculpe?

PK: Si conoce a D.

AUS: Ah... No, no.

K (a D) Y usted, ha leído a Auster...

D: He leído sobre él.

H: ¿Pero lo leyó a él? ¿Leyó sus novelas?

D: No.

(Pausa).

H: Bien... (Hace una pausa, consulta sus notas rápidamente. Se dirige a AUS. Le pregunta si, al igual que algunos de sus contemporáneos, a él ya no le interesa la ficción desde el lugar de lector. Auster responde que mientras escribe una novela le resulta difícil leer a otros. Pero que entre libro y libro, por supuesto que lee, porque por un lado tiene amigos escritores a quienes le interesa seguir, y por el otro le gusta releer obras que ya conoce. H asiente, le cede la palabra a D.)**

D: En mi caso, leo bastante entre libro y libro. Pocas veces dejo de leer. Creo que el seguir alimentándome de otros textos mientras escribo el propio deja abierta la puerta a nuevas ideas que pueden generar cambios positivos en mis historias. A veces un texto ajeno despierta algo que estaba dormido en mi imaginación y termino incorporando ese elemento a mi novela. Otras veces leer otras cosas mientras me dedico a la mía hace que, por entrar y salir de los mundos creados por otros, mundos ajenos, no me aburra de mis propios personajes o de mi línea de pensamiento. En general, cuando escribo no me dedico a escribir una sola historia de lleno y de una vez. Igual que cuando leo. Leo mínimo de a dos libros a la par. Necesito ir rotando, buscar el cambio en la ficción.

(Toma la palabra PK y le pregunta a AUS si le preocupan las traducciones que se hacen de sus obras. Él responde que no conoce tantas lenguas como para controlar la calidad de todas las traducciones, y que por costumbre suele confiar en el traductor a cargo. PK mira a D para cederle la palabra).

D: La verdad es que no he publicado ninguna de mis novelas todavía, sólo notas periodísticas, algunas críticas y poesías en medios locales. No sé lo que se siente ser traducido aún. Pero creo que las traducciones de mis libros me preocuparían un poco, como a cualquier escritor. No llegaría a obsesionarme, porque sé lo que es traducir la obra de otro y que estén tan pendiente de tu trabajo. Es molesto. Yo no iría detrás de cada decisión del traductor a cuestionarlo si conociera su lengua. Tampoco confío en que yo podría traducir de manera objetiva mis novelas. Creo que, sabiendo qué quise decir en cada línea, reescribiría la obra. Haría "trampa", y ya no sería una traducción sino la adaptación del texto que escribí, y hecha por mí misma. No, creo que sería curioso ver qué hace un colega con mi texto y experimentar la sensación de que te traduzcan.

(Ahora habla H y se refiere a Diario de invierno, de AUS. H le pregunta si existe un AUS que vive y otro que se dedica a escribir. AUS responde cómodamente que siempre marcó esa diferencia, entre el "yo que escribe y el biográfico, el hombre que paga sus impuestos [...]"**)

D: Que me diversifico en otros roles aparte del de escritora y sin dejar de ser escritora es verdad. Pero no sé si soy tan distinta como escritora que como ser vivo. Para mí escribir es algo natural, es un hábito, y a la vez una adicción... Pero sin la idea de vicio que conlleva la adicción. Es algo que hago desde siempre, pero que no es necesariamente rutinario. A veces me autoentrevisto, porque soy muy exigente conmigo misma, y corrijo y critico bastante lo que escribo. Las entrevistas a mí misma me sirven para escuchar qué quise decir. Y después ir a compararlo con lo que dije. Casi siempre hay huecos (a veces más grandes y otras no tanto) entre una cosa y otra. Y por lo general pasan dos o tres borradores hasta que sale la versión "final" de un texto. Pero autoentrevistarme no me divide, me parece. Es como jugar a la maestra: hacés de maestra y podés hacer la voz del alumno. Sos siempre vos, jugando roles diferentes en cada caso y casi simultáneamente. Son como monólogos múltiples. No creo que haya oposición, diferencia, o contrariedad en ser uno y varios a la vez. Es como actuar diferentes papeles. Nadie se murió por ser A y B o A, B y C en la misma obra de teatro, en diferentes actos. A veces, con los trucos del cine y la televisión, hasta en la misma escena. Creo que el escritor, al igual que cualquier artista, tiene la capacidad y la posibilidad más que legítima de hacer esto. Por otro lado, en la autoentrevista uno puede hacer un trabajo de introspección irremplazable. Ni siquiera cuando otro te pregunta lo que vos te preguntarías a vos mismo terminás respondiendo igual, o todo lo que tenías para decir. Porque hablar con otro supone apropiarse del tiempo del otro, y a veces por no aburrir o no cansar, o no escucharse uno la propia voz durante tanto tiempo teniendo a alguien en frente, uno habla menos. Pero si te entrevistás a vos mismo, más allá de que después te escuches o no, te transcribas o no, sabés que no hay nadie más juzgándote. No, mi yo es siempre uno, pero a veces le gusta jugar a ser otros además de mí.

(PK la mira y piensa en recomendarle un especialista, pero no lo hace. Luego se dirige a AUS con una sonrisa y le pregunta qué ocurre en los casos en que usa sus vivencias como base para la ficción. AUS dice que eso es bastante común entre los novelistas, pero que si toma elementos de su vida real, en la ficción se convierten meramente en eso, en ficción; se transforman. Responderá D algo parecido).

D: Como dice AUS, casi todos los novelistas ponemos fragmentos de nuestra experiencia de vida en los libros. En mi caso particular, lo hago muy seguido porque me gusta transformar, no calcar. Calcar de la realidad me aburre, y no me dan ganas de leer lo que escribo si calco lo que viví o a una persona. A lo mejor un detalle mientras caminaba por la calle me hace pensar en la idea para un cuento. O tomo los rasgos de una personalidad que conozco bien y los sumo a algún personaje en construcción. Pero siempre que hago esto recreo, reelaboro. Y a veces soy honesta con las personas que me inspiran. Les advierto que alguna de sus partes forman parte de algún espécimen ficticio en mi libro. Por lo general se ríen. Nadie lo toma muy en serio, y quizás sea mejor así.

(H se vuelve hacia AUS y le pregunta si como escritor es capaz de "convocar" la inspiración, el momento indicado y justo para volcar las ideas tal cual le surgen en la ficción. Auster niega poder "convocarlo"** y confiesa que ahora se suelta más cuando escribe, que antes se ponía metas más estrictas, premeditaba mucho acerca de lo que escribiría después. Luego los periodistas dirigen la mirada intimidatoria a D).

D: Yo trabajo mucho con borradores a mano. Escribo bastante en papel. Me doy cuenta de que si cuento con un borrador a mano y tipeo después, sale mejor la versión final que si directamente tipeara en la computadora y luego corrigiera una o dos veces. Aunque de todas maneras eso depende del texto. Por lo general, para escribir una nota periodística, dado que quiero publicar en sintonía con el momento en que las cosas pasan, escribo en la computadora de entrada. La verdad no sé si alguien puede convocar la epifanía naturalmente. Creo que es mejor si es espontánea. No suelo obligarme a escribir de una forma u otra. A veces me interesa crear cierto efecto, entonces me valgo de algunos recursos que estudié o conozco. Otras veces dejo que fluya todo más. Me gustan los textos que se leen como frescos pero están cuidados. Es decir, que se leen como algo natural, pero que no por eso son cualquier cosa, un libre fluir de lo que sea. Si escribo periodismo, busco la frescura cuidada. Si escribo ficción, planifico mucho más, hago el borrador a mano, y cuando corrijo también reescribo y ahí creo el efecto. Porque en el primer borrador la ansiedad de contar la historia me gana, y pocas veces me sale crear el efecto que quiero en el primer intento. Eso cuando escribo ficción.

(PK hace una pregunta a AUS que está vinculada con la anterior y éste sostiene que las personas se convierten en artistas porque no se sienten del todo integradas. "Algo anda mal con nosotros", dice AUS, "padecemos alguna cosa". Parece que desde la concepción de AUS, el escritor tiene una enfermedad y encuentra en la escritura, en el hacer arte, la mejor forma de combatirla. H retoma la palabra y está por seguir entrevistando a AUS, pero D interrumpe).

D: Perdón...

H: ¿Sí? (Controla el grabador).

D: Nada más quisiera opinar sobre lo último que dijo AUS...

PK: Tendríamos que avanzar con la entrevista a AUS, por los tiempos. Ya estamos terminando... Al final, si lo desea, podría...

D: Es breve, en serio.

(PK y H se miran, como si al haber escuchado la palabra "breve" hubieran descubierto el significado que tiene según D.)

D: (sin que nadie le diera el sí para hablar) Siempre pienso que crear es parte de la naturaleza del hombre, que desde siempre el hombre ha creado para subsistir. No creo que tenga que ver con una patología especial que padezcan algunos sí y otros no, y que los primeros sean artistas por eso. Sí es verdad que el arte ofrece una vía de expresión única y que quizás no a todos les sienta bien. Pero dudo de que todos los que escriben lo hagan para hacer su aporte al mundo. A veces me encuentro con gente que escribe para ahogar sus penas, para burlarse por escrito de aquello o aquellos de los que no se animan a burlarse cara a cara, y otros escriben porque saben que van a vender muy bien. Pero no diría que todos hacemos arte con esa sensación de vacío que parece plantear AUS. Algunos lo hacen para expresar emociones positivas. Aunque es verdad que los despechados suelen vender más volúmenes que los que cuentan cuentos de hadas.

(H reanuda su mirada hacia AUS. Le pregunta qué recomendación daría a todos aquellos que quieren ser escritores. A medida que AUS va respondiendo, PK se ríe con empatía. AUS sonríe con los ojos, que le brillan porque escucha lo que él mismo dice y parece estar divirtiéndose con la variedad improvisada de su ingenio en la respuesta. Él advierte que su consejo para aquellos que quieran ser escritores es que no lo sean; que los espera una ardua experiencia de vida solitaria, sin reconocimiento y sin dinero. Y a su vez retruca que aquellos que lo escuchen y sigan este consejo son los que no tienen lo que se necesita para ser escritor. En cambio, el que frente al panorama de la adversidad, afirme tercamente que aún así quiere ser escritor, entonces debería serlo**. La misma pregunta le hacen PK y H a D.)

D: Siempre que alguien me comenta que le gustaría escribir pero que no se anima lo incentivo para que lo haga. Le digo que no se trata de escribir "bien" o "mal", sino de escribir para uno mismo. No digo que de cien personas que se animan a escribir, cien se conviertan en escritores reconocidos y profesionales. Pero ya el hecho de que se animen, de que se enfrenten a la hoja en blanco y asuman el riesgo, les va a dar la sensación de que por fin saltaron del trampolín que les tentaba tanto saltar y no sabían muy bien cómo. Si de ahí en más, lo que esas personas ganan en fortaleza y confianza deciden o no usarlo como recurso para seguir escribiendo, dependerá de ellos. A algunos les basta con despojarse de tres o cuatro líneas en un poema, o algunas páginas en un cuento que se transforma en la obra maestra de sus vidas pero que no quieren leer jamás. Otros sentimos que los renglones no son suficientes, y que tendríamos que empezar a plantar árboles en el jardín de casa para compensar por el papel que usamos. Esos somos los que ejercemos la escritura casi al tiempo que respiramos, hasta que los pulmones sean los que digan "basta", y a lo mejor ni siquiera ahí llegamos a haber escrito todo lo que pensábamos escribir. 

(Hay una pausa. Suben la música en el bar. La fotógrafa captura una o dos fotos del momento, y D se vuelve una presencia efímera, fantasma que en un abrir y cerrar de ojos se encuentra leyendo una entrevista a Paul Auster en la mesa del comedor de su casa).

FIN.- 

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Referencias
*N.B: Esta escena entiende a todas sus entidades partícipes como personajes ficticios. Fue pensada dentro del dominio exclusivo de la ficción y sin pretender ocasionar daños o perjuicios a los periodistas, grupo editorial y escritor entrevistado a los que se hace explícita referencia en la sección PREÁMBULO. Por el contrario, pretende rendir homenaje a la nota realizada por Patricia Kolesnicov y Andrés Hax titulada El cuerpo en el que habito al escritor Paul Auster (Revista Ñ, Clarín, el 18/02/2012)

**Las preguntas narradas y dirigidas al personaje de "AUS" son paráfrasis de fragmentos de El cuerpo en el que habito, entrevista publicada en la versión impresa de revista Ñ (Grupo Clarín) el día 18/02/2012 en su Nº438. Han servido de inspiración para esta escena las fuentes audiovisuales publicadas por Ñ en el sitio Web YouTube
Las respuestas atribuidas al personaje de "AUS" también son paráfrasis de las respuestas originales recogidas de las fuentes citadas arriba.

Texto por: Delfina Morganti.
Edición a cargo de: Jorgelina B. Herández.













1 comentario:

  1. wow!! I guess it must have been an experience. Mixing reality and fiction, and genres as well, and getting good results is difficult. You did it though! Congrats!

    I agree with some of Auster's opinions and some of yours too. We can discuss them when we meet, with a coffee playing the witness.

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