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24 mayo 2014

Brainy Bike, la revolución en ciclismo urbano

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El furor de las luces “Brainy Bike”:
la revolución en ciclismo urbano

        | DE ARTÍCULOS Y REVISIONES

En Londres, cuando un ciclista muere, su bici sigue viva. ¿Cómo es eso? Sus familiares, amigos, y muchas veces otros ciclistas se dedican a crear una zona “in memoriam” cerca del punto en que el ciclista fue atropellado. Allí, instalan una bici a la que previamente le quitan los frenos o los pedales y la pintan de blanco, junto con unos ramos de flores alrededor para conmemorar su fallecimiento: la idea es llamar la atención de los automovilistas y otros conductores para generar mayor conciencia sobre los riesgos a los que está expuesto el ciclista urbano. 


Las “ghost bikes” (“bicis fantasma”) no forman parte de una tendencia reciente en el mundo: ya existía un caso que impactó a la comunidad de Anchorage (Alaska, EE. UU.) en 2008 mientras que, según lo que se lee en la prensa, en Londres la tendencia empezó a hacerse más popular hacia el 2011. Un artículo publicado por el Guardian que data de noviembre de ese año incentivaba a los ciclistas londinenses a sumarse a la campaña de trazar un mapa de las “bicis fantasma” para que los accidentes y víctimas fatales no pasaran desapercibidos.

El objetivo es, sin dudas, concientizar al resto de los conductores de la vía urbana para que lejos de espantarse ante los riesgos que presenta el ciclismo urbano, los ciclistas se hagan cada vez más presentes en las calles sin el temor constante de morir en el intento. Para eso hace falta contar con una política de seguridad en materia de transporte que incentive a los ciudadanos de cualquier ciudad (no solo de las europeas) a usar la bici con confianza, sin sentir que se están exponiendo demasiado o que no vale la pena incorporar un hábito tan sano como es el de ir al trabajo, a la facultad, de paseo o a hacer ejercicio en dos ruedas.

Las “Brainy Bike”, 
el sueño de todo ciclista
Hoy en día se puede decir que Londres cuenta con la llave del éxito para fomentar la concientización que buscaba entre sus automovilistas. Se trata de las luces “Brainy Bike”, unos dispositivos de luz con energía LED que muestran a un ciclista andando en bici, muy parecido al símbolo que vemos incorporado en el semáforo de la bicisenda de calle Salta, solo que el de las Brainy Bike viene en colores rojo y blanco.

Según Crawford Hollingworth, científico especialista en ciencias de la conducta y creador de las luces Brainy Bike, la ventaja de estos dispositivos es que, a diferencia de las luces rojas convencionales que solemos colocar en la parte de atrás de la bici, los automovilistas suelen detectar las Brainy Bike en mucho menos tiempo y con mayor facilidad, tanto de día como de noche (aunque por su diseño se ven más de noche).

“Tenía amigos que cuando llegaban al trabajo casi siempre me comentaban que habían tenido que frenar de golpe para evitar chocar un auto porque ni los habían visto o que un espejo retrovisor les había agarrado el brazo”, le contó Hollingworth al Guardian que, en su edición digital del martes 22 de abril de este año, publicó una nota en homenaje al invento. En la nota, el científico advierte que la idea de crear las Brainy Bikes se le ocurrió al notar la creciente cantidad de accidentes por atropello de ciclistas, además del auge de las “bicis fantasma” que empezaban a copar las calles de la ciudad.

¿Y qué tienen que ver las ciencias de la conducta con el tema de la seguridad en ciclismo urbano?

“Cuando vas manejando, tu cerebro recibe todo tipo de estímulos y les tiene que dar algún sentido. Este proceso es algo que se da en milisegundos, y sobre todo a un nivel inconsciente”, señaló. “A esto hay que sumarle que si manejás en una ciudad, lo más probable es que estés agotado y en situación de estrés. A lo mejor tenés que salir a trabajar a la mañana temprano cuando todavía estás abriendo los ojos, o se te hace de noche y tenés que volver a tu casa al final de un día difícil. El tráfico y el ruido te irritan y, en otras palabras, tu cerebro se encuentra bajo presión. Encima te toca decidir si esa lucecita roja que tenés adelante es de un ciclista, parte de algún otro auto o el mero reflejo de una vidriera que estás pasando. Si uno no ayuda al cerebro a que sea eficiente en términos cognitivos, ahí es cuando surgen las dificultades y el cerebro padece el esfuerzo, motivo por el cual mucha gente ni siquiera llega a ver a los ciclistas, o por lo menos no los detecta con suficiente claridad”.

En definitiva, reformulando a Hollingworth, la idea que subyace a la creación de estas luces tiene que ver con que estimulan al cerebro para que reaccione de un modo más rápido y eficaz, al tiempo que dejan un menor margen de duda y mayor porcentaje de reacción para los otros conductores que enseguida tienden a asociar el símbolo de la Brainy Bike con la presencia real de un ciclista.

Por si no me creen, hay un estudio que lo prueba: si uno entra al sitio oficial de las “Brainy Bikes” en brainybikelights.com, en la página de inicio, a la derecha, basta con hacer clic en “How fast can you spot Brainy Bike Lights?” y, enseguida, se abre una ventana emergente donde se puede vivir el experimento en carne propia: la prueba es ante todo visual y apunta a evaluar dos variables en conjunto, que son la rapidez y la precisión con que el ojo del voluntario detecta una luz individual. ¿La consigna? No hay que pensar demasiado, basta con responder con la mayor rapidez y precisión posibles. Lo bueno es que el usuario puede conocer los resultados en segundos y sí, lo más probable es que le digan que vio las “Brainy Bike” en menor cantidad de milisegundos que las luces convencionales. El enlace a la prueba es este: http://www.opensourcesci.com/experiments/bike/

Artículos recomendados

-¿Por qué usar la bici? 

http://rosarioenbici.com/2013/10/por-que-usar-la-bici/

-Transformación urbana equitativa 

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/22-32599-2012-02-21.html

-Plano ciclista 

-Six smart bike safety gadgets
-cleta, La bici [un corto donde las bicis bailan] 

http://vimeo.com/73045532


Fuentes
-Brainy Bike Lightshttp://www.brainybikelights.com/ 
-Bike symbol lights aim to cut cycling accidentshttp://road.cc/content/news/115817-bike-symbol-lights-aim-cut-cycling-accidents 
-Could tricks from behavioural science help make city cycling safer?http://www.theguardian.com/cities/2014/apr/22/city-cycling-safety-tricks-behavioural-science/print

18 julio 2013

Vacaciones de invierno

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INCURSIONES III
Felices vacaciones— ¡ja, vacaciones!
Y se debate uno entre el deber y el placer. Así son las vacaciones de invierno. Pura ficción novelesca. De la menos deseada, eso sí, porque si fuera por mí, no leería el Lazarillo de Tormes. Me espera The Help, que no es mejor, es simplemente el libro que quiero leer. Un capítulo por semana, venía pensando, un capítulo por semana del libro favorito debe ser suficiente, con eso basta. Y la rutina no se altera y uno se da el gustito. ¿Y si me muero antes y no lo leí?

En el parque la gente está como de domingo, de lo más pancha, y hoy es miércoles. Las chicas de pecheras azules trotan al son de alguna balada, y entre cabellos al viento y fiereza que raya en lo masculino se dicen que entrenan, Dios sabe para qué partido, juego o campeonato. 

El fondo no es el río, no todavía. Antes me nublan la visión los muchachos del coso, todo un espectáculo. Saltan, se agachan, lo atrapan, se agarran la cabeza, el coso que vuela... Es fantástico. Tienen un lenguaje propio. Es que no necesitan hablar, entendés; juegan al frisbee. 

Una buena torcedura de cadera, la brazada justa, la cadencia de viento apropiada y, ¡zaz!, lo cazan con las manos como quien mata un mosquito, palma con palma, aplauso fortuito. No tienen el casco blanco con franjas azules, pero lanzan como lanzan los yanquis que juegan al béisbol en las películas yanquis con actores yanquis que, de tan jóvenes y tan viejos, más vale no buscarlos en la sección actual de Imágenes de Google para no asustarse.

* * *
Vacaciones de invierno, franja horaria del dilema hacer lo que debo/escapar; hacer lo que quiero. En mi radio suena Johnny Nash. "I can see clearly now, the rain is gone..." Lo envidio, en secreto.

Mientras tanto, los minutos se escurren entre otras manos que apuntan más tareas y reuniones y más encuentros y proyectos en las hojas de una agenda ya maltrecha pero, al fin, 2013. ¿Para qué los planes, los días, los juegos, los programas, el paseo, la ropa arriba de la cama, la película, el invierno? 

Corren los chicos con la pelota, ciega el sol, descansan los coches y descansan los padres, según pasan las horas. Vuelven los colores y las guardas a los Silos; el sol se pone en cobarde, nos deja en sombra al tiempo que les devuelve la luz.

No es verdad. Acá la radio me dice que mañana empieza a refrescar, que llegan las heladas, que va a llover. No es verdad, mirá este sol de mangas cortas, fijáte en el cielo.

* * *
Es miércoles pero es domingo. En aquel rincón del verde, junto a la barranca, de todos los lugares, todas las sombras, justo él tenía que estar. El saludo, la sonrisa, los acompañantes, el chocolate. 

La personalidad sí que es un secreto bien guardado —muchas veces contradicho— por la apariencia física y la conversación trivial. 

Cinco años pasaron. Cinco años no es nada; pero es suficiente. Los espacios corridos no me importan. Tantas veces que te encontraba en la calle, que a la vuelta de esa vereda, que los rayos, las bocinas, sin los lentes, con el casco, sin micrófonos; tantas veces y no tantas que te ví, o creí verte, o te ví en sueños, a través de la vista empañada por el viento y el tiempo, los caños de escape, los días. Tantas veces antes que fue una ahora y que ahora al verte en el verde sentado, contento y sonriente, igual pero sinónimo al que fuiste, me aburrí. Me aburrí de encontrarte, de que digas tan poco y nada, de que digas lo que digas igual me aburrías, y cumplieras en la vida el mismo rol que en el sueño. Y al final qué importa si te encuentro ahora o después, o siempre y nunca, si total te ves tan aburrido, y cada vez que te encuentro estás en otro; y en todas tus versiones eres mejor que tú.

* * *
El deber toca la puerta. El sol radiante, el frío ausente, un invierno mediante. ¡Y se debate uno entre el deber y el placer! No sé ni para qué nos gastamos, si así son las vacaciones de invierno. Quiero, quiero, quiero; debo, debo, debo: hago lo que debo. Lo otro me lo debo. Fin de la vacación. ◘ ◘ ◘

INCURSIONES PREVIAS
Acerca de esta sección
INCURSIONES nace en mayo de este 2013 casi a modo de improvisación ante la necesidad de dar cabida en "DyR" a aquellos escritos breves que oscilan entre los marcos de la no ficción y el microrelato. Entre las instrucciones básicas de lectura de estos textos, sugiero: 1- No pretender instrucciones de lectura al respecto. Fin de la comunicación.


Para comunicarse con la autora de este blog puede escribir a: morgantr89@gmail.com o bien dejar su comentario al pie de cada artículo. 

14 diciembre 2012

Marcelo Abram, un caso para la memoria reciente

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CRÓNICA
A un mes de la muerte del nadador y periodista, Marcelo Abram*

En la edición digital del diario rosarino "La Capital" la autora de De Artículos y Revisiones se enorgullece y tiembla al apuntar el enlace a una crónica muy especial de su autoría.* Se trata de "Marcelo Abram, un caso para la memoria reciente", crónica periodística que gira en torno a la tragedia acaecida en el Río Paraná, hace exactamente un mes, el 14 de noviembre de 2012.

RESUMEN + FRAGMENTO, extraídos de lacapital.com.ar

La velocidad del tiempo

Un paseo en bicicleta evoca la tragedia de Marcelo Abran, el periodista de La Capital que murió atropellado por una lancha.
[...]
* * *
El río Paraná. Un día como hoy el sol viste al río de mar. Para el transeúnte que cierra los ojos y bordea la barranca, el mar está en el aire, se huele. El puente Rosario-Victoria, las torres de Forum, el terreno ya no baldío que pronto mutará en otra torre… Los restos de ciudad se funden con el paisaje que hoy, por ser domingo hoy, deja de ser urbano para tornarse exótico.
El deleite es para las fosas nasales, para los ojos que se dejan obnubilar por la irradiación de un sol peligroso pero irresistible. Es el mediodía rosarino de siempre, pero hoy se nos concede el tiempo para respirarlo.
Una brisa fresca insiste en hacer creer que el océano está a dos pasos. Es mentira. El río sigue siendo río, ese río en que un miércoles de noviembre el brazo de Marcelo Abram padeció el brusco atropello de la hélice lanchera que tomaría, también, parte de su tórax.
* * *


 ◘ ◘ ◘

*Acknowledgements:
El agradecimiento es infinito, al periodista y docente del curso de crónicas del diario La Capital, colega de Abram y redactor puntilloso, MARCELO CASTAÑOS.

04 noviembre 2012

Pepe BONDI, 2ª ENTREGA. Hoy presentamos...

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-.Lágrima Doble.-
                                         
Por *Pepe BONDI*

    Bar La Rosa y Roberta, a mitad de cuadra por calle Entre Ríos. SEÑOR que entra al bar. Empuja con esfuerzo sobrehumano la puerta— es una de esas puertas que cuando las empujás se te empiezan a volver encima. “Vueltera tenías que ser vos, eh…” piensa. “Histérica como todas”.
  Son las diez de una mañana clara, primaveral.

SEÑOR (acercándose a la mesada que simula ser barra). — Buen día.

(La MOZA que está parada detrás de la barra, con un costado de la cabeza apoyado en la palma de la mano, tiene la vista fija en el televisor pantalla plana que muestra una noticia de un choque y un muerto.)

MOZA (monótona, acomodándose el pelo detrás de la oreja). — Buen día.

SEÑOR (relojeando las medialunas en la vitrina). — ¿Estarán calientes estas, che?

MOZA. — (con los ojos aun fijos en la pantalla) ¿Cómo?

SEÑOR. — Que si están calientes, nena.

MOZA (balbucea, sigue hablando con la mano empujándole la mejilla). — ¿Cuántas va a querer?

SEÑOR. — Perá, ¿cuándo te dije yo que iba a querer una? (La MOZA quiere empezar a hablar pero no la deja) ¿Ves, ves que sos una atolondrada? Primero te hacés la que no me entendés, después que me querés vender cualquier cosa… Alcanzáme un vaso de soda, ¿tenés?

MOZA. — Si usted se sienta y me pide, señor…

SEÑOR. — ¿Me vas a negar  la soda ahora también?

(La MOZA se le queda mirando un momento. El le sostiene la mirada, le arquea las cejas como desafiándola al tiempo que yergue el mentón en un ademán de “¿Y, y? ¿Para cuándo?”)

MOZA. — Ahí se lo alcanzo.

(La MOZA se da vuelta y él sonríe, relamiéndose la lengua. Mientras controla que ella siga ocupada con la jarra de soda, desliza la puerta de la vitrina hacia la izquierda, mira por sobre uno de sus hombros para ver que nadie lo esté mirando y saca dos medialunas dulces.)

MOZA (apoyando el vaso sobre la mesada sin ganas). — La soda, acá está.

SEÑOR. — ¡Bueno pero qué eficiente nos pusimos, eh! (Se guarda disimuladamente las medialunas en el bolsillo de la campera marrón gastada). Hacéme… A ver… Y, hacéme un cortadito. Chico.

MOZA. — Siéntese que enseguida lo atiendo.

SEÑOR. — Bueh, si arrancamos así, viste… Siempre te dicen lo mismo. “Siéntese, siéntese que ahí lo atiendo”. ¡Minga que te atienden! Te tienen mil horas ahí esperando como un gil. (Negando con la cabeza mientras sorbe un poco de soda). No, nena, yo me quedo acá. Te espero a que vos termines con lo tuyo, eso de la nada misma que hacen todos los de tu edá,  y te pido acá. Ya no me agarran más de pelotudo a mí. No me toman más el pelo, así no más te lo digo.

(La MOZA no sabe si reírse o echarlo. Se acuerda de eso del “respeto a los mayores” y se aguanta).

MOZA. — Señor, si usted quiere consumir se va a tener que sentar. Tiene como seis mesas libres, ¿ve?

SEÑOR. — No me señalés, no me señalés que veo perfecto yo desde acá. Igual eso está mal, ves. En el bar de acá en frente, en la otra cuadra, viste, ahí tienen las banquetas esas del año del culo, que seguro también habrá tenido tu abuela, y vos te sentás, pedís en la barra, tranquilito, te sirven en dos minutos… A las diez, a las doce, a las seis… El televisor, claaa… No es como esto, viste. No es así, nah… Y que son del año del pedo son del año del pedo las banquetas, pero uno se acostumbra. Como en casa, diría El Pocho. Además, a mi edad, ¿qué importa si me cuelgan un cacho más los cachetes del culo? ¡Yo me siento donde venga mientras que sea en la barra! (Pausa.) Hablando ahora de los cachetes, ¿no? Ustedes las minas son las boludas, sí, ustedes, ¿qué te reís? Si vos sos mina, ya te va a pasar, te vas a acordar de mí, vas a ver... Dispuestas a garpar vaya uno a saber cuántos mangos y chirolas para quedar infladas como el Quico, ese, ¿el personaje del Chavo, viste? Bah, andá a saber, ni El Chavo debés conocer vos, si sos una piba, miráte encima la cara de boluda… Para mí que se contagian entre ustedes ahora, los jóvenes…

MOZA (mordiéndose la lengua). — Eh… Dígame, señor, a ver… Dígame lo que va a tomar así voy preparando.

SEÑOR. —… Y eso que antes con los muchachos siempre decíamos, a mí que no me venga con que quiere chantarse nada raro en el culo porque yo no laburo para garparle a uno de los carniceros esos, Juan Pindonga, que después salen en el noticiero que mataron a alguna de las modelitos esas que nadie conocía… Claaa, vos ahora te reís, piba, pero pasa, te digo que pasa. Ahora, la culpa la tienen las minas, no les importa nada. No les importa nada que uno se levante temprano, ponga el mango y otras cosas… Ellas quieren ponerse, ponerse, ponerse… Todo arriba, arriba, arriba… Que en las gambas, que en las tetas. Monstruos de tres cabezas terminan siendo, entre el culo, los cachetes de la cara y... Bueh, vos me entendés, ya te veo la cara. Dejáte de joder, che. Se emboban con ese, eh, ese tiene la culpa, no ellas. (Señala el televisor.) Les lavan el cerebro esos programas de mierrrda... Bah, yo ni los miro, te digo. No tengo tiempo. (Pausa.) El otro día mostraban a una que volvía de Europa, se había ido hasta allá a operarse, no más… Con el colectivero decíamos, claro. La Giménez, por tirarte un ejemplo… ¿Vos sabés lo que era la Giménez el siglo pasado, nena? (Se da cuenta de cómo lo está mirando la MOZA y se encoge de hombros, bosteza. Mientras bosteza, habla.) Está bien, está bien… No me queda otra, ¿no? Querés que me siente, todo el mundo me dice, “Siéntese, siéntese”. Como si pudieran controlarte así, viste. Vos no sos como la Yani, como los muchachos. (Pausa.) Va bene, non arrabbiarti! Ahí me siento en la mesa aquella esa de allá. Pero mirá que no tengo todo el día para esperarte a vos, nena, eh. A mí de pelotudo no me agarran más, ya te lo dije. No me agarran más.

(El SEÑOR se sienta y empieza a mirar alrededor. En la mesa de al lado hay una SEÑORA leyendo el diario.)

SEÑOR. — ¿Así que todavía hay gente que lee el diario? Y sí, ¿qué va a hacer si no? (La SEÑORA no se inmuta.) Yo ya ni compro el diario. A veces la Juli me lo trae, los domingos. Yo le digo, ¿para qué me lo traés si ya me enteré por la tele, nena? Ni leer tranquilo ya… (A la SEÑORA) ¿Y? ¿Algo importante, señora? ¿Alguna se puso traste nuevo, qué dicen? ¿Algo para rescatar, che?

(La SEÑORA se hace la importante, lo mira de reojo y le sonríe como con lástima.)

SEÑOR. — Ah, claro, claro... Le parece gracioso, ¿no? ¿Sabe qué pasa, señora? Usted habla con el diario, por lo menos. Yo ni con las paredes ya. Antes, por lo menos… Nos sentábamos en el barcito ese de en frente, el de la otra cuadra, ¿vio? Ahí, con los muchachos, amigos del barrio. Pero la mesa no, eh, a la mesa ni en pedo. Nos chantábamos en la barra, arrancábamos de temprano con la joda. Con El Pocho, el Marquito y Roberto… Cada vez que le querías hablar al que estaba en la otra punta le bajabas la nuca de un hondazo al pobre pelotudo de al lado y punto. Las barras son así. Un poco incómodas al principio, pero son especiales. Como los carlitos, faaahh... ¡Qué hamburguesas aquellas! Acá debe ser lai la hamburguesa, ¡juaa!

(Llega MOZA a la mesa con una bandeja. Trae un cortado chico y un vaso de soda.)

SEÑOR (chistando). — Che, piba, ¿qué mierda me trajiste vos acá? ¿Qué es esto, eh?

MOZA. — Me dijo cortado chico…

SEÑOR. — Yo no te dije nada. Vos me dijiste siéntese que ya lo atiendo, nada más. Y yo me senté, sin chistar ni nada.

MOZA. — Pero si allá en la barra me pidió…

SEÑOR. — Vos me querés hacer garpar dos veces, eso es lo que pasa. ¡Claaa! Como esa vez, esa vez que con los muchachos quisimos cambiar de bar y no, no funcó. Nos sentamos, garpamos los tres cada uno la promoción del desayuno esa que tienen en todos lados, medialuna va, tostada viene, mantequita… Y no va que la mesa se movía tanto que El Pocho me venía diciendo, él me venía diciendo y yo no le daba ni bola, estábamos todos en otra, viste… No va que El Pocho, que estaba medio como mariado— andá a saber cómo— se larga un escupitazo de la san puta. Así era, así... (Le muestra formando un círculo con el pulgar y el índice de cada mano). Así, te digo. Al principio pensé, bueh, debe ser el gallo que no terminó de largar en la cancha, viste, que le quedó atascado, no sé... ¿Vos sabés que no, che? ¡Se acababa de largar todo el hijo de puta! Todo, eh, todo te digo. Las tres medialunas, las tostadas que le había afanado al pobre Roberto, todo de un empujoncito. "¡La pucha que te largaste todo el jugo vos, eh!" me acuerdo que le dije. El tipo no daba más... Se agarraba la zapán, no paraba de putiar a la mesa. El chaleco blanco tenía puesto, imagináte…  Y una baranda a jugo encima…

MOZA (interrumpiéndolo de mala gana). — ¿Al final le dejo o no le dejo el cortado?

SEÑOR. — Perá, perá, a ver cómo es la cosa. ¿La boluda sos vos y te la agarrás conmigo? A mí traéme una lágrima, querés. (La MOZA se empieza a ir rezongando.) Y que sea doble, eh, nada de ningunearme de nuevo vos… (Mirándole los pies a la MOZA mientras se va.) ¡Che, piba, vos sí que tenés patas grandes, eh! (Desde la mesa a la barra.) ¿Cuánto calzás?

(La MOZA no lo mira, no le contesta.)

SEÑOR. — (encogiéndose de hombros) Che, me está picando el bagre a mí, así que… Uh, cierto que tengo la tengo al lado a esta porota que se hace la boluda… (Se fija si la SEÑORA de la mesa de al lado lo está mirando. Saca una medialuna de adentro del bolsillo y la huele) Ah, no… Encima se me pegotió todo lo dulce en el bolsillo, ¡qué pelotudo! Y bueh, “È lo que hay”, diría la nona. (Empieza a comerla igual.)

(La SEÑORA lo mira de reojo.)

SEÑOR (hablando mientras mastica) ¡Eh, señora, qué dice! Señora… (La mujer ladea apenas la cabeza) ¿Terminó de leerse el diario ya o anda por los fúnebres, eh? ¿Qué me mira así, quiere que le traiga? ¿Un licuado? No, ¿un espejito, uno de los chiquitos?

SEÑORA (con una sonrisa amarga). — No terminé con el diario. Y no leo los fúnebres.

SEÑOR. — Seeh, claro. (Empieza a silbar.) ¿Sabe? El otro día, sacando estadísticas… Todas las de su edad leen los fúnebres. ¿Ah, visto? ¿Ve cómo me mira? Si se ofende es porque sí los lee, claro que los lee… ¿Usted no piensa retocarse alguna cosita antes de partir, alguna arañita por ahí?

SEÑORA. — ¿Y a usted qué carajo le importa?

SEÑOR. — Eeeeh, eehh… ¿Quién lo hubiera dicho? Zapatos “Leidi Estor” y me contesta con esa cara de pánfila, y esa palabrita… No que a mí me moleste, guarda… (Extendiendo los brazos, sonriendo con ironía.) Pero una señora como usted, con cómo se viste usted… Igual, consejo de viejo sabio: la carita necesitaría un retoque, no se me ofenda. La suya, claro, la suya, no va a ser la mía. Yo, ni aunque se me diera por… (La SEÑORA está montando en cólera, se le inflan los cachetes, se le ponen de todos los colores.) En fin, llega un punto en que no se puede disimular nada. Yo no sé para qué mierda se ponen a mentir también con eso ustedes. Te cagan por todos los costados, y cuando querés saber cuántos años cumple la mina te chanta una de esos números que vos decís, “Nah, no puede ser”. Algunas la garpan, ves, uno hasta quiere creerles… Pero otras, ja, ¡tantas otras! Te quieren vender cada buzón, che... Ni que uno fuera tan boludo… Entre ellas creen que pasa, encima. Algunas se quitan diez años. ¡Diez años, a vos te parece! Qué flor de mentira… (A la SEÑORA.) ¿Usted cuántos tiene? Mejor dicho… (Guiñándole el ojo.) Me expresé mal, ¿cuántos se da? Ya sé. No me diga nada. ¿Treinta? ¿Cuarenta? Puedo esperar cualquier boludez, si total me va a mentir.

SEÑORA (molesta, frunciendo los labios). — No tengo necesidad, y menos con usted. (Pausa.) Tengo cincuenta y tres.

SEÑOR (largando una risotada y mirando al techo). — ¡Ahí tenés, Pochito, ahí tenés! ¡Diez a uno que esta también te quería meter el perro!

SEÑORA. — Mire…

SEÑOR. — ¡A usted ni en pedo la miro, señora! Recién mientras le decía ya me la imaginaba toda fajada, hasta medio en bolas, fíjese lo que le digo, salida del quirófano, vendada. Aunque, aunque, debo reconocerlo, la pensé con algunos kilos menos. Los carniceros hacen maravillas a veces, son carniceros. Pero no dura, eh, le aseguro que el efecto, y más en algo como usted… Nah, no dura demasiado, no se me vaya a ilusionar tan rápido tampoco. Ahora, eso sí, si hablamos de un retoquecito en la frente... Y me dice cincuenta y tres, así nada más. Qué caradura es la gente, así estamos también.

(La MOZA trae la lágrima)

SEÑOR. — ¡Por fin, nena, porrrr fiiin, querida! Cobráme, querés. Cobráme, dale, así no tengo que estar acá al pedo una hora más esperándote a vos.

MOZA. — Lágrima doble. Diez pesos.

SEÑOR. — ¿Diez mangos una lágrima? ¡Pero si estamos todos locos! En el bar de en frente, fijáte lo que te voy a decir, en el bar de en frente…

MOZA. — Acá la lágrima cuesta lo que cuesta. Y si no en la carta que tiene adelante de la cara lo dice, fíjese.

(El  SEÑOR agarra la carta, la abre y mira los precios.)

SEÑOR. — Acá dice que tienen una promoción de once con cincuenta y que trae dos medialunas, un café con leche y un exprimido chico. Traéme el exprimido y cobráte la promoción, mejor.  

MOZA. — ¿Qué medialunas le traigo?

SEÑOR. — Si estarás lerda, vos… Ya me las traje yo. Si encima te tendría que esperar a vos...

SEÑORA (A la MOZA). — No, no le traigas nada, ¿no ves que es un viejo asqueroso? Yo no sé, no sé. ¡No sé cómo pueden dejar entrar a semejante bessstia!

SEÑOR (A la SEÑORA). — ¿Y encima con pretensiones? Mirá que de bella no tenés nada, vos, eh... (A la MOZA) ¡Este es el país que tenemos, piba, en esto te toca vivir! (Burlón.) ¿A la señora le molesta el viejo porque dice la verdad? ¡Andá, vieja del orrrto! Si te pedí el diario hace rato y no fuiste culo de soltarlo ni un momento, andá. (La SEÑORA se levanta más que decidida, empieza a sacar la billetera como para pagar e irse.) ¡Así te va a ir a vos, escapáte! ¿Qué te creés, que porque te hacés la que te interesan los fúnebres y te pasiás en tacos vas a…?

SEÑORA. — ¡Cállese, degenerado! (A la MOZA.) ¿No ves, no ves nada vos? ¡Es un grosero este hombre, un irrespetuoso! ¿Y no le decís nada, vos? (Empieza a encarar hacia la puerta, tambaleándose.) ¡Dios mío, lo que hay que vivir!

SEÑOR (siguiéndola, sacudiendo los brazos). — Daaale, daaale, si no te queda mucho a vos tampoco, pelotuda... (La SEÑORA le cierra la puerta en la cara.) ¡Cambiáte la careta y después hablamos, vieja bananera!

MOZA (cruzada de brazos). — Si se le enfría la lágrima vaya a reclamarle a Magoya, yo no se la pienso hacer de nuevo.

SEÑOR (volviendo a la mesa). — Pero, claro, ¡si me olvidaba! Tan boluda no resultaste al final, eh… (Se sienta, agarra la taza, está por tomar pero se le resbala de la mano.) ¡Pero la pucha, che, será posible, mierda! ¡Todas me pasan a mí, eh, todas! ¡La puta madre…! Es esa vieja de mierda que me puso como loco, ¡esa vieja que me sacó de quicio!

(La  MOZA le alcanza un trapo para que se limpie y se va a buscar el secador de piso.)

SEÑOR (recibe el trapo y lo mira irritado). — ¿Y encima me tengo que limpiar con esta mierrrrda? La pucha que debo estar ojeado yo, che. Debe ser la vieja, la vieja esa que se hacía la interesante con el diario en la mano, andá…

(Vuelve la MOZA. Se dispone a limpiar el piso pero le da lástima ver al SEÑOR limpiarse solo.)

MOZA. — A ver, déjeme que lo ayude, señor.

SEÑOR. — ¡Las pelotas! ¿Qué me vas a poder ayudar vos? ¡Qué me vas a poder ayudar vos, miráte esas patas! ¿Cuánto calzás, cuarenta y dos dijiste? Andá, lleváte todo, ¿querés? (Sacando la medialuna del bolsillo.) Tomá, esto también. Me ganaste, acá la tenés. Son asquerosas las medialunas de este lugar, piba, un asco. (La MOZA está indecisa.) ¿No te dije que te lleves todo, ey, estás sorda de nuevo?

(Se apura la MOZA a juntar las cosas y las pone en una bandeja. Se las lleva a la barra sin decir una palabra, mirando que no se le caiga nada.)

SEÑOR. — Ni una puta lágrima, ni el diario, ni una charla como la gente… (Mirando hacia arriba.) ¡No nos queda nada, Pochito, nada! Vos por lo menos zafaste. ¿Qué sos, rey allá, tiburón? ¿Eh? Lleváme, te pido, lleváme cuando quieras… Mirá cómo estamos acá, che… (Se impacienta.) Mah, ¡vafangulo! Esta no vuelve y yo quiero la lágrima, ¿tan difícil era? Ni sé para qué mierda vine acá. Al final, todo como esa vez, ¿viste Pocho? Uno quiere cambiar, tratar de no pensar en los viejos tiempos y no lo dejan. Después dicen que los viejos somos reacios… ¿Reacios a qué, manga de pelotudos? ¿No ven que no somos nosotros sino que no-nos-dejan? (Pausa.) Yo me voy al bar de en frente y esta boluda que se joda sola. ¿Qué está, lavando la taza? No te lo puedo creer, ¡pero si no estaba haciendo nada cuando yo llegué! Y bueh, uno infunde miedo, Pocho infunde miedo a esta altura, qué se le va a hacer. Mejor, te digo. Eso quiere decir que le hago un favor si me las tomo. Y de paso no garpo un joraca. Mah, sí, me las tomo.

(Sale. La MOZA vuelve al instante con otro trapo.)

MOZA. — ¡Qué hijo de su…! ¡Se raja sin pagar, qué boluda que soy! ¡Qué…!

(Sale la MOZA con trapo en mano. Lo ve que está por cruzar calle Rioja y lo empieza a correr, a llamar. El SEÑOR la escucha y empieza a andar más rápido, más rápido, cruza la calle casi sin mirar.)

MOZA. — ¡Ey, ey! ¡Chst-chst, señor! ¡No se haga el vivo, ey, no se haga el...! (Se oye un bocinazo de un auto, otro que clava los frenos y un choque. El ruido en la esquina de calle Rioja la hace retroceder. La MOZA frunce los ojos dos segundos simultáneamente con el impacto y cuando los vuelve a abrir el SEÑOR ya no está. Desapareció.) Ay, no... (Se acerca a paso lento y ve el brazo de un hombre grande tendido en el pavimento, sobresaliendo detrás de un Peugeot. Los ojos se le ponen vidriosos, en el derecho le brota una lágrima. Se acerca apenas un poco más, baja el cordón y pispea por encima del hombro de una mujer alta. Vislumbra la sangre que empieza a inundar el poco pelo canoso detrás de una cabeza.) ¿Lo mataron? ¿Mataron al viejo…? Ay, ¡la puta madre, si mataron al viejo...! (Rompe en lágrimas y sale corriendo.)

(Pausa.)

SEÑOR (desde la barra en el bar de la vereda de en frente). — Yani, servíme una lágrima doble, ¿querés? Y una salada. Lo de siempre, bah.

MOZA II. — Déme un segundito que ya pero ya lo atiendo.

SEÑOR. — Y si total no hay apuro, Yani. Si total, ya ‘toy muerto. (Se ríe.) (Mira hacia afuera para ver si anda por ahí la MOZA del otro bar.) No, no hay monos en la selva... Che, Yani, ¿tendrás “La Capital” por ahí?


-.TELÓN.-

10 marzo 2012

Día Internacional de la Mujer, 2012.

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8 de marzo 
Día Internacional de la Mujer Trabajadora

La Organización Argentina de Mujeres Empresarias (OAME) homenajeó a sus miembros y profesionales afines con un desayuno en conmemoración por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En respuesta a la convocatoria de la presidente de OAME, Lidia Sartoris de Ángeli, disertó sobre el rol de la mujer la Intendenta de la ciudad de Rosario, Dra. Mónica Fein.
El trabajo nos une...
—. Lidia Sartoris de Ángeli, Presidente de OAME,   Rosario.
                                           
Texto: Delfina Morganti.
Edición: Jorgelina B. Herández.
Que el desayuno es la colación más importante del día no es noticia. Y, sin embargo, ¿cuántas veces las mujeres debemos relegar el desayuno por correr a nuestro lugar de trabajo, ocuparnos de los chicos, llevarlos a la escuela, resolver las emergencias de primera hora—en fin, por hacernos esperar a nosotras y priorizar a los demás?
El viernes 9 de marzo de 2012 ofreció un comienzo diferente a las mujeres presentes en el Desayuno por el Día Internacional de la Mujer en Dock Café (Complejo Puerto Norte, Rosario) organizado por la OAME.

Luego de una cálida recepción con claveles y sonrisas cómplices por parte de las autoridades de OAME, la Dra. Mónica Fein, intendenta de la ciudad de Rosario, disertó con un discurso breve pero sincero sobre el rol de la mujer en la sociedad contemporánea. Es un "momento para reconocer todo lo que las mujeres hemos avanzado", dijo en la apertura de su discurso. Destacó la violencia (no sólo doméstica) que caracteriza a determinados sectores sociales actuales e hizo una breve referencia a los casos más recientes de "trata de personas". De "personas", fue la acertada elección terminológica inclusiva de Fein. No "de mujeres" ni "de blancas", como se suele llamar también al tráfico de personas.   
Con palabras de conmemoración más que de festejo por el día que trae a la mujer a un primer plano, Fein se dirigió a la audiencia femenina con frescura, sencillez y franqueza. "Me emociona cuando una niña me para por la calle y me pregunta si es difícil ser intendenta", dijo la Fein. 

Destacó que se trata de un "esfuerzo complejo", de estar en una reunión importante pensando en qué cocinar para la cena, cuándo ir a comprar el disfraz para la obra teatral de los chicos, en qué momento ayudarlos a hacer la tarea. 
En palabras de Mónica Fein, la función de las mujeres en la sociedad es "complementaria a la de los varones pero igualmente necesaria". Al reflexionar sobre su propio rol, advirtió que el suyo es una cuestión de "dualidad": en ella confluyen simultáneamente las betas del "trabajo familiar" y la "tarea pública".
"Todas se animan a pedirle una foto a la intendenta", fueron las palabras de una de las asistentes. Y sí, si no nos animamos entre nosotras, mujeres, ¿a quién más rendiremos homenaje histórico?
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OAME - UN PERFIL
OAME es la primera asociación fundada en Argentina con el objetivo de promover la visibilidad de las mujeres de empresas en el mundo económico y social. 
Lidia Sartoris de Ángeli, en sitio Web de la OAME,  "Nuestra Presidenta".- 

La Organización Argentina de Mujeres Empresarias (OAME) fue fundada en Rosario el 20 de junio de 1966. Se trata de la sede nacional de una de la organización en red de la Femmes Chefs d'Enterprises Mondiales (FCEM), creada por Madame Françoise Foning en la década del '50 en Francia bajo el lema Solas invisibles, juntas invencibles y como "espacio sin fines de lucro, sin banderas políticas y sin inclinaciones religiosas".*
Como la rama argentina de la asociación mundial FCEM, OAME se encuentra, desde su creación en 1966, bajo la presidencia de Lidia Sartoris de Ángeli, vicepresidenta de la red mundial y Comisionada para América Latina.
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Miembros e invitadas destacadas
Desde representantes de la prensa gráfica local y nacional hasta autoridades provinciales, la jornada contó con la presencia de diversas personalidades locales. Entre ellas, la concejala socialista Dra. Clara García, la distinguida ecónoma local, Sra. Nilda de Siemienczuk, socia honoraria de OAME; la maestra de ceremonias de la jornada y miembro del Tribunal de Ética de OAME, Máster en Ciencias Económicas, la Dra. Astrid Siemienczuk, y la Lic. y Prof. en Letras Kamala Bonifazi, miembro vocal de OAME y directora de edición y redacción de la prestigiosa revista Sólo Líderes.
Con todo, la jornada conjugó el encuentro con personalidades pertenecientes a una amplia gama de profesiones, especialidades y rubros con la ocasión propicia para intercambiar anécdotas, promocionar emprendimientos y, sobre todo, rescatar la figura de la mujer no como ser superior de la comunidad actual sino como sujeto de derecho igualmente activo y necesario. Y como reza el lema en español, solas somos invisibles... Pero juntas somos invencibles. ◙ ◙ ◙

*Cita en recuadro "OAME - UN PERFIL": extraída de la revista por el aniversario de OAME, Nº Agosto 2011.

Texto por: Delfina Morganti.
Edición a cargo de: Jorgelina B. Hernández.-

GALERÍA DE IMÁGENES

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2012

Rosario Spina y Lucía Lalli,
por REVISTA Ineditadas.com.
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2012

Merchandising Mujer: claveles de recepción, 
desayuno, fotografía.
Disertación de la intendenta de la ciudad,
Dra. Mónica Fein en Dock Café.
Toma de notas durante la disertación 
de la Dra. Mónica Fein.