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05 septiembre 2013

Time is Money

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INCURSIONES IV


Acerca de cómo perder la reputación 
de bien hablado en un solo escrito. 
¡LEA YA!
Time is Money
 Por el hermano mayor de *Pepe BONDI*

Que no le gusta y no le gusta, es así. Anda diciendo por ahí que yo la maltrato, que hago pin, pin, pin, pin todo el tiempo, que la maltrato por todos los costados, que ni tratarla puedo, dice, qué se yo. Después me sale con que no, que espere, que hay que esperar, espere un cacho más, me muestra el relojito, como diciendo, “Esperá, querés, esperá, ya te voy a dar lo que querés, vos”. Y yo le creo, a veces creo en eso de darse un tiempo, viste, en distanciarnos un par de veces al día para aguantarnos mejor, qué se yo, esas boludeces que se dicen por ahí y vos las creés, viste, y las ponés en práctica.

Pero te digo, yo así no puedo más. A mí me mata la espera con esta. ¿Cuánto más hay que esperar, nena? ¿Cuánto más querés que te espere, eh? ¡Me ponés loco, querida, dejáte de joder! ¿Y qué se supone que haga mientras te espero, con tanto trabajo que tengo y vos que nunca me ayudás? Claro, ella es como que tiene todo el tiempo del mundo, viste, ni noción del tiempo tiene ya. Labura cuando se le canta, después cuando se le apagan todas las luces agarra y se tira a dormir, hace de las suyas, nadie la jode. ¡Qué vida, nena, qué vida, quién pudiera!

Pero no es así, eh. Así no va más la cosa. O usted se comporta o yo me busco otra, le dije. Y sí, otra, así de fácil. Otra más rapidita, viste, eso es fundamental, y que se sepa querer, bueh, eso de que se sepa querer... Nadie es irremplazable. ¿O usté qué piensa, que la voy a esperar toda la vida yo? Por favor, estamos grandes para estas cosas.

¿Ah, sí? ¿Y a mí de qué me sirve que me digas que va todo por buen camino, que me hables de porcentajes, me cuentes estadísticas, me cambies el colorcito, me muestres un puto reloj del orto? Esto no es una cuestión de números, sabés, nena. Es cuestión de paciencia, y en este momento la paciencia ya no va más, pasó, mi vida, bien lejos quedó. Yo ya esperé bastante, no me jodas más y punto, me entendés.

Es que las cosas no funcionan así, vos no podés hacer conmigo lo que quieras, entendés. ¡Y porque ya te aguanté bastantes! Yo también tengo mis cosas, viste, mi voluntad, mis tiempos, como te gusta llamarlos cada vez que te saco el tema, loca. ¡Ja, ¿y ahora me mirás con esa cara de boluda tildada, no te importa nada? Perdón, perdón, ¿otra vez el reloj? ¿Ese reloj de mierda? ¡Pero si me tenés re podrido, nena! ¡Es para pelarte todos los cables y tirarte a la basura a vos! Como le hice a la radio esa del viejo, ¿sabés lo que le hice a la radio del viejo, vos? No, qué vas a saber vos, vos ni sabés lo que significa la palabra radio, claaaaaa. Si vos sos de otra generación, ay, ella, ella. Para qué me habré metido con vos, Dios mío, si sos una estúpida que te hacés la que sabés todo, la que tenés siempre la solución y mirá, mirá, estás siempre a tono con todo y para qué, ¡no se te puede decir nada porque no entendés, nada, nada, nada! ¿Sabés lo que haría yo con vos? Dejáme, perá, pará un cahco, dejáme hablar a mí alguna vez, querida… ¿Sabés lo que haría yo con vos? ¿Eh? Tironearte las gambas, eso haría, mirá, asííííí, y sacudirte con todo lo que traés adentro, a ver si eso te gusta, a ver, a ver, ¡ajá! ¿Qué te pasa que me hacés luces con los faroles como si fuera Navidá, eh? ¿Estás llorando, tenés miedo? ¿Pero qué le echás la culpa a la conexión, andá, acá nunca hubo conexión entre vos y yo, nena, entendés? Nunca. Y ahora, ja, ahora bancáte esta si podés, que te destrozo el cuello, sí, el cuello, ahhhh, a ver qué cara me ponés cuando te quedes sin cara, ¡ja! Y ahora esto es lo que haría yo con vos, ves, así, y te agarrrrraría esa cabeza de caja boba que Dios te dio, te clavaría un aaaalgo, no sé, a ver qué tenemos por acá, a ver qué decís cuando ya no tengas ni cabeza, estúpida. Y sin cabeza y sin cara y todo, te estamparía bien estampada como cuatro veces contra la pared, ¡así, ASSSÍ, ASÍ, ASÍ! A ver quién gana ahora, eh, a ver a quién le toca esperar, eh, contáme, a quién le vas a pelar el relojito esta noche, eh, catramina, si no servís para nada vos, gila, pedazo de hueca que bien hueca quedaste, bien que te dejé hueca ahora.


Pero mirá, che, qué cosa, encima se me viene a agujerear la pared, vos podés creer, todo por tu culpa, mierda, la pared recién pintada. Y bueh, ahora lo lograste, vos lo querías, vos lo tenés, ¿sabés lo que voy a hacer con vos el domingo? El domingo te agarro con lo que te quede y me mando flor de asado con los muchachos, vas a ver, te prendemos fuego para que me hagás el vacío, o algún matambrito, lo que traigan ellos. Y sí, ahora jodéte, flor de asado va a salir gracias a vos, sabés, con tanta cosa al pedo que traías adentro, ni siquiera se te puede ni partir la jeta de cuatro cachetadas contra la pared a vos, ni eso, mirá, y hasta para eso tengo que esperar, qué mierrrda, y encima me vengo a quedar sin pared yo, ¡por tu culpa!, sin pared y sin vos, computadora con tu reloj del orto, será posible, carajo. ◘ ◘ ◘

18 julio 2013

Vacaciones de invierno

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INCURSIONES III
Felices vacaciones— ¡ja, vacaciones!
Y se debate uno entre el deber y el placer. Así son las vacaciones de invierno. Pura ficción novelesca. De la menos deseada, eso sí, porque si fuera por mí, no leería el Lazarillo de Tormes. Me espera The Help, que no es mejor, es simplemente el libro que quiero leer. Un capítulo por semana, venía pensando, un capítulo por semana del libro favorito debe ser suficiente, con eso basta. Y la rutina no se altera y uno se da el gustito. ¿Y si me muero antes y no lo leí?

En el parque la gente está como de domingo, de lo más pancha, y hoy es miércoles. Las chicas de pecheras azules trotan al son de alguna balada, y entre cabellos al viento y fiereza que raya en lo masculino se dicen que entrenan, Dios sabe para qué partido, juego o campeonato. 

El fondo no es el río, no todavía. Antes me nublan la visión los muchachos del coso, todo un espectáculo. Saltan, se agachan, lo atrapan, se agarran la cabeza, el coso que vuela... Es fantástico. Tienen un lenguaje propio. Es que no necesitan hablar, entendés; juegan al frisbee. 

Una buena torcedura de cadera, la brazada justa, la cadencia de viento apropiada y, ¡zaz!, lo cazan con las manos como quien mata un mosquito, palma con palma, aplauso fortuito. No tienen el casco blanco con franjas azules, pero lanzan como lanzan los yanquis que juegan al béisbol en las películas yanquis con actores yanquis que, de tan jóvenes y tan viejos, más vale no buscarlos en la sección actual de Imágenes de Google para no asustarse.

* * *
Vacaciones de invierno, franja horaria del dilema hacer lo que debo/escapar; hacer lo que quiero. En mi radio suena Johnny Nash. "I can see clearly now, the rain is gone..." Lo envidio, en secreto.

Mientras tanto, los minutos se escurren entre otras manos que apuntan más tareas y reuniones y más encuentros y proyectos en las hojas de una agenda ya maltrecha pero, al fin, 2013. ¿Para qué los planes, los días, los juegos, los programas, el paseo, la ropa arriba de la cama, la película, el invierno? 

Corren los chicos con la pelota, ciega el sol, descansan los coches y descansan los padres, según pasan las horas. Vuelven los colores y las guardas a los Silos; el sol se pone en cobarde, nos deja en sombra al tiempo que les devuelve la luz.

No es verdad. Acá la radio me dice que mañana empieza a refrescar, que llegan las heladas, que va a llover. No es verdad, mirá este sol de mangas cortas, fijáte en el cielo.

* * *
Es miércoles pero es domingo. En aquel rincón del verde, junto a la barranca, de todos los lugares, todas las sombras, justo él tenía que estar. El saludo, la sonrisa, los acompañantes, el chocolate. 

La personalidad sí que es un secreto bien guardado —muchas veces contradicho— por la apariencia física y la conversación trivial. 

Cinco años pasaron. Cinco años no es nada; pero es suficiente. Los espacios corridos no me importan. Tantas veces que te encontraba en la calle, que a la vuelta de esa vereda, que los rayos, las bocinas, sin los lentes, con el casco, sin micrófonos; tantas veces y no tantas que te ví, o creí verte, o te ví en sueños, a través de la vista empañada por el viento y el tiempo, los caños de escape, los días. Tantas veces antes que fue una ahora y que ahora al verte en el verde sentado, contento y sonriente, igual pero sinónimo al que fuiste, me aburrí. Me aburrí de encontrarte, de que digas tan poco y nada, de que digas lo que digas igual me aburrías, y cumplieras en la vida el mismo rol que en el sueño. Y al final qué importa si te encuentro ahora o después, o siempre y nunca, si total te ves tan aburrido, y cada vez que te encuentro estás en otro; y en todas tus versiones eres mejor que tú.

* * *
El deber toca la puerta. El sol radiante, el frío ausente, un invierno mediante. ¡Y se debate uno entre el deber y el placer! No sé ni para qué nos gastamos, si así son las vacaciones de invierno. Quiero, quiero, quiero; debo, debo, debo: hago lo que debo. Lo otro me lo debo. Fin de la vacación. ◘ ◘ ◘

INCURSIONES PREVIAS
Acerca de esta sección
INCURSIONES nace en mayo de este 2013 casi a modo de improvisación ante la necesidad de dar cabida en "DyR" a aquellos escritos breves que oscilan entre los marcos de la no ficción y el microrelato. Entre las instrucciones básicas de lectura de estos textos, sugiero: 1- No pretender instrucciones de lectura al respecto. Fin de la comunicación.


Para comunicarse con la autora de este blog puede escribir a: morgantr89@gmail.com o bien dejar su comentario al pie de cada artículo. 

18 mayo 2013

Hipervinculados - Otoño 2013

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DIFUSIÓN


Hipervinculados, el boletín del Colegio de Traductores

Con un editorial conciso, la traductora Gabriela Wolochwianski introduce esta nueva edición de Hipervinculados - Otoño 2013, el boletín oficial del Colegio de Traductores, con una justa dosis de reflexión práctica en torno a las nuevas tecnologías y sus efectos sobre los hábitos de lectura de la actualidad. Así como son cada vez más los medios que nutren la industria del periodismo digital, en este editorial se condensan algunos de los motivos que nos llevan a hacer de esta publicación una de tipo digital. 

Entre otros contenidos, el boletín esta vez incluye:

NOTICIAS INSTITUCIONALES. En esta sección, pueden leerse los resultados de la encuesta anual 2013 acerca del mercado de la traducción y el ejercicio de los profesionales matriculados. Espacio, sin dudas, donde podremos leer y leernos.

VII JORNADAS DE LA FAT, 26 y 27 de abril en Mendoza. La traductora e intérprete Florencia de la Torre asistió a las VII Jornadas de la FAT: "Diversas Realidades Profesionales: un camino a la integración" en calidad de presidente del Colegio de Traductores. En esta nota, nos cuenta en qué consistieron las presentaciones más destacadas del encuentro, recomienda enlaces útiles y presenta datos útiles de reflexión sobre ciertos usos del castellano.

ESCRITOR, TRADUCTORA Y EDITORA SOBRE LAS VICISITUDES DE LA TRADUCCIÓN LITERARIA. Esta crónica toma como excusa la presentación del escritor brasileño Milton Hatoum junto a la traducción al castellano de "Dos Hermanos" (Beatriz Viterbo Editora) para invitar al lector a  repensar algunas de las verdades naturalizadas sobre la traducción literaria. Si es válido que los escritores oficien de traductores, si los traductores inevitablemente son escritores qué decimos cuando decimos "ser fiel" son algunos de los lineamientos que sigue esta crónica con fragmentos de una entrevista a la crítica, escritora y traductora Beatriz Vignoli. Caratulada por la autora del editorial como "picante", DA & R recomienda su lectura mediante la introducción del siguiente fragmento:

A simple vista, la visión de Hatoum, escritor traductor, es la visión de un autor desafiado a traducir la obra de un colega, de un otro que escribe. Ante sus ojos, el original portaría las huellas de una suerte de otredad incómoda, la cual ha quedado físicamente plasmada en una sintaxis que le resulta impropia y, por lo tanto, “difícil” a la hora de traducir. Por otro lado, ¿acaso la traducción no consta, en gran parte, de un trabajo de apropiación previo?

Traductora e Intérprete Delfina Morganti Hernández

©  Hipervinculados. Otoño 2013  


ENTREVISTA A YAKO NAKAMATSU (MAT. 10494). El género entrevista en periodismo no consiste en presentar al lector con la mera transcripción del discurso directo del entrevistado. SI así fuera, ¡sería muy aburrido leerlas! En esta sección, la traductora y escritora Corina Moscovich juega con las estrategias de escritura del género para así poner en escena a quien podríamos leer como un auténtico personaje de novela —¡pero Yako Nakamatsu es real! Reconocido como el "primer traductor idóneo de japonés del Colegio de Traductores de la Provincia de Santa Fe", resulta imposible no querer seguir leyendo esta entrevista después de un comienzo que intriga y un desarrollo aun más conmovedor.

Con todo, un boletín para no perderse, con notas breves, accesibles a la lectura en versión digital así como interesantes para todos los miembros de la comunidad traductora y lingüística en general. • • •


01 mayo 2013

INCURSIONES I

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INCURSIONES I
Trazar la escritura

por La Extranjera

Qué indecidible es esa frontera 
cuando en ella se está, 
entre 2 palabras 
(DOS) PALABRAS,
palabras semejantes
pero no iguales.



En esos días en que uno quiere sentarse a escribir pero no puede, no resulta extraordinario pensar que aun cuando no está escribiendo, escribe.

Esta reflexión, en absoluto irrelevante para la vida de cualquier escritor, suele asaltarlo en los confines de los lugares más insólitos, precisamente como consecuencia de esas irrefrenables (y asimismo impracticables) ganas de escribir.

Sin ir más lejos, el miércoles pasado me encontraba viajando en una línea de colectivo que tomaba por primera vez. Ya había consultado el recorrido con el colectivero, pero no había calculado exactamente dónde iba a bajar. 

Entonces recordé las caras de toda esa gente conocida que, ante la azarosa solicitud de cualquier dirección, promete siempre la misma excusa: “Y es que yo sé el camino pero no sé (el nombre de) las calles”.

El colectivo se había adentrado en una ruta cuyo asfalto conozco hasta el detalle gracias a nuestras andanzas en bicicleta. Y sin embargo —¡qué paradoja!—, resultó que ese mismo camino se hallaba perpendicularmente cruzado por calles cuyos nombres, ¡oh, sorpresa!, yo no sabía nombrar.

Así es que, cuando el colectivero me preguntó, “¿Bajás en la esquina?”, todo lo que atiné a decir fue, "Sí, en la esquina". 

Reí amargamente, muy para mis adentros, y pensé, "Interesante idea para un ensayito acerca De los que andan sin saber por dónde”. 

En fin, el lector más sagaz sabrá comprender que ni falta hace andarse con aclaraciones —lo cierto es que el ensayo aun no ha sido escrito, y cuando lo haga, es casi seguro que porte la firma de alguna otra con más ganas que yo. ◘ ◘ ◘

07 abril 2013

La biblioteca no es un lugar para sentarse a leer

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 La biblioteca no es un lugar para sentarse a leer
                                                                                                              
Delfina Morganti Hernández | DE ARTÍCULOS Y REVISIONES
                                                                                                              


 La biblioteca no es un lugar para sentarse a leer.

El único ventilador de pie que está prendido se toma dieciséis segundos largos en decir que no con la cabeza, ocho de idea, ocho de vuelta. El silencio que ventila aturde, y cada vez que a alguien le vibra el teléfono celular, los lectores —entes aislados, despatarrados ante mesas anchas de patrimonial estirpe— alzan la vista repentinamente alarmados, como si los hubieran agarrado desprevenidos. Algunos hasta levantan la cabeza. Por primera vez en una hora.

No, no es un principio de incendio— ¿a alguien le importaría si lo fuera?—; está sonando un celular.

“¡Aaaah!”

Desenrollan las manos —¡tenían manos!— y casi al unísono empiezan a buscar, a desenfundar, a prender o apagar, a tocar un par de minúsculos botoncitos. Suspiran. Con cara de “No, no es el mío”, algunos curiosos, los famosos “distraíbles fáciles”, voltean o miran a la distancia. No les basta con saber que nadie los está llamando a ellos, tienen que saber entonces a quién.

Afuera la claridad enceguece. La mañana ya en transición de mediodía y mediodía, para colmo, nublado, se digna a filtrarse por los espacios abiertos del techo. Las nubes pasan como una proyección de diapositivas en curso, y si los ojos juegan a engañarse, hasta es posible poner en duda la cuestión de si es el hombre el que se mueve o la Tierra la que gira, o las nubes, arrastrando a la Tierra y al hombre, o… ¿Dónde estará Copérnico, dónde Newton, dónde ellos en una biblioteca tan grande?

Si uno quiere hurguetear entre sus propias pertenencias con el inocente fin de atrapar una birome, las miradas lo aniquilan. Son miradas inquisidoras, de sospecha, de esas que ponen los lectores de biblioteca cuando el ruido suena a pecado en el mar de un religioso silencio.

Qué lee el otro es una incógnita sin posibilidades de despeje. Hay una distancia de cementerio entre lector y lector, y cada uno está en su mundo, ejerciendo, satisfecho, jurisdicción sobre una vasta mesa de madera sin lustrar. Qué desperdicio esta mesa, garabateada por los insolentes perros que juegan, como no jugaría ni Silvio Astier, a cometer actos atroces de despiadado vandalismo.

Rumi-Vale-Mari-10/10/02                                                             RC Pu…
Pipi RC. 12/09/03
+SO 05

Un crítico de pop art diría que definitivamente hay art, cultura y comunicación en estas inscripciones de principios de milenio. Nunca más van a salir. La tinta se ha incrustado en la madera.

* * *

La biblioteca no es un lugar para sentarse a leer. Hay libros de lomo grueso, bien grueso, con inscripciones grabadas en oro, títulos tentadores que no pueden tocarse sin pedir permiso.

¿Y pretenden leer? (No me escuchan).

¿Acá? (No les importa, si están leyendo).

¿Acá, en medio de todo este espectáculo?

El silencio aturde. En un arrebato de incalificable impulso, arrimo mi silla al ventilador, que por lo menos susurra, digo, y eso por lo menos es algo más que ustedes, indiferentes, diseminados en mesas ajenas, lejanas.

¿Leer, acá? ¿Acá, donde los libros ancianos piden a gritos que alguien pase a hojearlos, donde el silencio da espasmo y la luz artificial confunde? ¿Cómo serles indiferente, cómo esquivar su presencia? ¿Y los que están allá arriba, y los del costado? ¿Qué serán, quién los habrá escrito? Y esos otros, ¿Qué traerán de nuevo, por qué manos habrán pasado, a quién habrán pertenecido, qué biblioteca habrán habitado en su juventud?

Ah… ¡Los estantes inalcanzables de las bibliotecas perdidas! Cuando era adolescente —penoso comienzo de frase— me gustaba creer que en la habitación trasera de la biblioteca del colegio había libros prohibidos.
Libros prohibidos es un decir; libros desconocidos, libros en otros idiomas, libros “secretos”, llenos de tierra, soslayados, libros solos. Llegué a convencer a mi mejor amiga de que en esa zona de la biblioteca se acumulaban pilas y pilas de libros que podían interesarnos y, que quién sabe, hasta podríamos dar con algún pasadizo a un subsuelo que nos legaría —¿adivinen qué?— más libros. Sí, ya sé, incalculables mis índices de deforestación.

La bibliotecaria dejó de negarnos el acceso, y cada vez que algún acontecimiento “importante” tenía lugar, íbamos allí, conversábamos al respecto mientras explorábamos, tomábamos nota. Aquella habitación en que a duras penas entraba la luz del sol, en que el fresco en pleno verano no era sino producto de la humedad y el encierro, acabó por convertirse en mi rincón en el mundo durante los “años felices”. Cinco minutos en ese lugar eran un viaje a otra época, un viaje, el germen de la reminiscencia futura.

“Hoy subimos por la escalera de caracol hasta el penúltimo escalón. Casi llegábamos a la parte de los de arriba. Shirli me dijo que no subiera más, que nos iban a retar”. A mi amiga le intrigaba encontrar a Dante, que por supuesto o por equivocación, estaba siempre al alcance de la mano. Una magnánima edición de la Commedia llegó a nuestras manos sin que nadie lo supiera.

Por entonces, no me preocupaban demasiado los clásicos; me bastaba con poder pasearme a mis anchas, explorar, desarticular el museo libresco mediante el simple roce de un libro estante. ¿Es que los libros no son para leer?

En más de un recreo gozamos de la adrenalina que generaba ese acceso hacia lo inaccesible; a nadie más dejaban entrar ahí, salvo a nosotras. Algunas veces crujía la madera del piso, o la de la escalera. Mónica, la bibliotecaria, asomaba detrás de la puerta y se nos ponía la piel de gallina: “¿Qué están haciendo?” Muchas veces volví sola, ya no me engañaba. Pero el lugar no había perdido su magia; yo había crecido.

Nunca pasó nada realmente extraordinario en el ala trasera de la biblioteca escolar; lo del pasadizo al subsuelo, por ejemplo, podría, tendría que haber ocurrido. Pero no. Esa escena quedó para la revancha legítima que la ficción permite. No es noticia que la literatura, sobre todo la producida durante la escritura temprana, suele convertirse en una gran compiladora de sucesos truncados y tesoros ridículos.

La biblioteca no es un lugar para sentarse a leer. Y el orden alfabético aburre a los libros, despista a los lectores. Los estantes parecen reclamar un reordenamiento, y si es posible que empiece por el desorden, mejor. Los huéspedes prefieren estancias rotativas. El libro siempre está dispuesto a caminar, por eso nos espera para cruzar de la mano.

¡Perversa iluminación la del deseo que corrompe al no lector de biblioteca! Aunque Silvio Astier no hubiera preguntado, los habría tomado a todos de una vez —otra vez— y se los habría llevado con una mirada ultrajante, una sonrisita libidinosa.

La biblioteca no es un lugar para sentarse a leer. Es un lugar para pararse a escribir. ◘ ◘ ◘




Fotos. 
De Artículos y Revisiones.

16 marzo 2013

ESCRITORES EN LA WEB 2.0

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¿Qué busc@mos cuando


google@mos?

                                                                                                              
Delfina Morganti Hernández | DE ARTÍCULOS Y REVISIONES
                                                                                                              

Prodavinci, uno de los pocos sitios Web que, especializado en Literatura, Arte y Cultura, pierde escaso tiempo presentándose y gana en actualización, rescataba al comienzo de esta semana una nota breve pero disparadora de interrogantes para nada azarosos.

En la era de la Web 2.0, parece que los escritores de hoy cuentan con una reserva de incalculable valor que muchas veces ofrece nuevos tópicos para sus libros de ficción. El autor del artículo, Javier Menéndez Llamazares, siempre sensible a las propuestas de la era digital, sondea a una serie de escritores españoles en el marco de una fórmula tentadora: “¿Qué leen los escritores?”

El supuesto detrás de la pregunta. De entrada, esta nota despierta tanto la curiosidad de los que escriben como la de los que leen. En cualquier caso, retoma uno de los presupuestos más citados del corpus del sentido común: “los escritores son una especie que busca, y eso que buscan decididamente despierta la curiosidad de los pasantes”. En otras palabras, vale escuchar qué busca el escritor, esto sí sería de "interés general"; lo que lee el panadero carecería de un atractivo semejante.

En cuanto a este detalle, propongo una frase, una de las pocas que vale recordar de las tantas pronunciadas por un compañero de Letras cuya trayectoria estudiantil no duró medio año: “Todo punto de vista es la vista de un punto”. Es cita de cita, pero lo importante es que además de la mnemotecnia de la frase, su contenido es fácilmente comprobable a diario (Y si no, le devolvemos su dine…). No olvidemos al famoso filólogo que desde hace siglos se infiltra en innumerables programas de estudio, a Saussure, quien formuló la misma idea sin demasiados trucos estéticos: "El punto de vista crea el objeto".

¿La relevancia de aquellas frases en el presente texto? Considerar que lo que lee el panadero podría despertar tanto interés como aquello que lee el escritor de best-seller. Si tan solo algún periodista decidiera rescatar al panadero, y su medio, publicarlo, ¿alguien daría vuelta la hoja? Inevitable caer en el relativismo de Weber, y todo acaba por depender del lugar desde donde se lo mire. Pero, en fin, ¿y si alguien escribiera sobre lo que leen los panaderos? No me refiero a un programa de cocina con recetas que nunca llevaremos a cabo. Me refiero a encuestar a los panaderos —no, encuestarlos no, hay algo de impersonal y "no al compromiso" en las encuestas. Una investigación masiva suena absurda; mejor dos o tres, bien individualizados y "perfilados" que usen la Web y estén dispuestos a contarnos qué hacen con ella, dispuestos a ser entrevistados. 

Olvídelo, aquel último párrafo debió ser suprimido. 

Por supuesto, para los aficionados a la literatura resulta irresistible entrever algo de lo que elige leer nuestro escritor favorito; sin ánimos de ofender, las lecturas del panadero pasan aquí y hoy a un segundo plano. El tema no deja de ser curioso, no obstante; ya algún día entrevistaré a los panaderos de la zona, a ver qué se les dará por leer a ellos. 

Ahora bien, ¿será cierto que los escritores se perfilan, por el solo hecho de ser escritores, como usuarios con preferencias diferentes?

Www.¿qué? La pregunta "¿Qué leen los escritores?" me tomó un poco por sorpresa. Del titular empecé a derivar algunos interrogantes específicos: ¿Cuáles son los hábitos digitales de un escritor? ¿Qué títulos tipea, qué nombres, qué fechas? ¿En qué sitios entra por voluntad propia, a cuáles llega por pura casualidad? ¿Se deja llevar por el destino "inadvertible" de los motores de búsqueda, o le gana la impaciencia, la falta de tiempo y de ganas, y por eso consulta un par de sitios muy exclusivos? ¿Busca para escribir? ¿Dónde? ¿O acaso escribe sin buscar demasiado?

Algunos de los escritores españoles citados por Javier Menéndez Llamazares comparten el dedicarse a no más de dos o tres blogs, como máximo; uno avisa que no lee blogs de terceros, pero bueno, bastante con que se molesta en escribir para el suyo; otro dice recurrir a la Web para leer obras que aun no se hallan traducidas al español; otro lee en Internet únicamente aquello que no encuentra disponible en papel.

Federico Bones. Traductor, escritor. 
En un tributo al título de Llamazares, De Artículos y Revisiones eligió sondear algunos jóvenes escritores/investigadores locales al respecto. Entre ellos, un traductor nóvel que por estos días gusta de incursionar en la ficción apunta que suele "mirar entrevistas, ensayos, artículos de diversa índole". Se trata de Federico Bones, quien además cuenta: "Cada tanto reviso blogs con consejos para escritores en gestación, de los cuales me sirven algunos. La página que más visito es la de Revista Ñ", y, ya que está, recomienda, "Hace poco encontré un blog con algunos tips interesantes, aunque en inglés: blog.nathanbransford.com". 

Magalí Gómez Castillo, estudiante de la carrera de Letras, lectora "adicta a las ficciones históricas" y, por raro que paradójico que parezca, escritora de "historias atemporales y sin ubicación geográfica conocida", se presenta como una digna hija de su época. "Creo que las nuevas tecnologías perfilan nuevos seres humanos, y con ellos, nuevos escritores. Sin ir más lejos, no sé si escribiría en un mundo diferente, porque sinceramente odio escribir manuscritos". En efecto, ¿quedarán todavía escritores que prefieran el manuscrito como primer borrador? (Acabo de levantar la mano... ¿Alguien más?)


Magalí Gómez Castillo. 
Estudiante de Letras, 
escritora.
Cada cual, con su quimera, diría Charles Baudelaire, pero me pregunto, "¿Por qué un no tan rotundo al manuscrito?" Anticipándose a mi pregunta, con plena conciencia de sus preferencias escriturarias, Gómez Castillo ya me había respondido: "No me gusta perder tiempo reelaborando borradores, reestructurando oraciones, párrafos, escenas, pasando capítulos una y otra vez. Siento que se me escapan las ideas, y que el ritmo de mi mano no logra alcanzar la melodía que deben desprender las palabras". Sí, sí, no caben dudas. Esta mujer estudia Letras. 

Qué leen los que escriben lo que leemos. Con una de esas atractivas introducciones que no le fallan, en su artículo Llamazares va de lo general a lo particular, como quien se desliza al son de un vals de Tchaikovsky: “Sea para seguir la actualidad, para documentarse sobre un tema concreto o para ambientar una nueva obra, Internet es una enorme fuente de información a la que recurren con asiduidad los autores literarios. Pero, ¿qué busca un escritor en la red?"


Insisto, ¿acaso la red no es la misma para todos? ¿En qué se diferencia el escritor de los demás? ¿Acaso no confluimos todo en el universo digital en calidad de la misma etiqueta, “usuarios”?

En fin, claro que la red es la misma para todos los que accedemos, pero sin dudas los usuarios difieren. Y sus preferencias también.

Entre los encuestados por De Artículos y Revisiones, están aquellos escritores que consideran absolutamente necesario informarse antes, durante y después de escribir. Aquí volvemos al testimonio de Magalí G. Castillo, quien sin querer queriendo podría demostrar que lo que algunos escritores buscamos en Internet podría sonar, realmente, un poco extravagante: "Recuerdo que las últimas búsquedas que me entretuvieron en la red fueron acerca del funcionamiento de funerarias y acerca de los barrios de Rosario. Podés perder toda una tarde para decidirte en un detalle, pero informarse es fundamental".

¿Y en cuanto al diario? ¿Lectura en la Web o ejemplar en mano? Nuestros anteriores encuestados retoman la palabra: Federico Bones dice leer siempre la versión digital, excepto los domingos, cuando la familia va por el formato en papel. Magalí, por su parte, prefiere las noticias online, "Me resulta mucho más cómodo y lo considero más higiénico". Ahora, si hay una voz que se lleva todos los premios es la de una encuestada que prefiere permanecer en el anonimato, C. R., quien en siete palabras nos resume la ventaja en que muchos pensamos y poco nos animamos a nombrar en público: "En la Web porque ansí no pago". Esta escritora, apasionada por la poesía, dice buscar "sinónimos" en la Web, y advierte, "No tengo ningún sitio de literatura que me satisfaga del todo" porque "siempre a uno le falta lo que tiene otro".

Foto. Enrique de Hériz, escritor español. Primer traductor
de una versión íntegra de Robinson Crusoe al castellano.
Escritores de la Web 2.0. La tecnología Web 2.0 parece haber tenido gran repercusión entre lo que muchos coincidirían en llamar "viejos escritores de closet". Así, Bones llega a afirmar que "Hace quince años no muchos osaban dedicarse a la escritura, seguramente considerada una pérdida de tiempo. Las tecnologías han hecho que mucha gente se dedique a escribir, y de ello da fe la epidémica proliferación de blogs que existe hoy día". Bones, quien escribe su propio blog en inglés y español, asegura que "todo escritor quiere ser leído, y la Web permite que se nos lea mucho, rápido y fácil, sin perder por completo en anonimato". 

Ahora bien, mientras que para algunos el plagio digital puede resultar estremecedor, siempre los hay fervientes defensores de la aventura del Siglo de las Luces, del conocimiento que sea aprehendido por todos, que cuente con equidad de difusión y participación, la gran enciclopedia universal... 

En una red en que los aficionados producen quizás más de lo que los usuarios lectores consumen, aun parece difícil seguir el rastro al cumplimiento del derecho de autor. Muchos estudiantes de diversos niveles, a veces sin mala intención pero sin dudas con notorio descuido, se apropian de largos fragmentos en los que las comillas brillan por su ausencia y rara vez delatan las correspondientes fuentes de extracción. ¿No habría que entrenarnos en la reformulación del contenido que consumimos, en especial si somos asiduos lectores de la bibliografía online? Nadie dudaría en citar una frase célebre que acaba de leer en un libro, pero pocos refieren su cita al sitio Web de donde la tomaron prestada. ¿Por qué será?

Por otro lado, ¿cuáles son las (des-) ventajas de escribir en las redes? Desde hace un tiempo, encuentro que muchos futuros colegas de Letras lanzan sus breves engendros escriturarios al mundo de las redes sociales. Facebook se lleva el premio mayor, porque con su opción de "Crear etiqueta" despojó a algunos de la tentación de crear un blog y, sin demasiadas vueltas, parece que es más rápido y sencillo publicar un minirrelato o una poesía en medio de comentarios como "A la playa con la flia.!!!" o "Hoy día para hacer un asado... Con Pepe y Lau" que sentarse, crear un perfil y empezar a escribir una "entrada". 

De repente, en el ámbito informal de una red social, el usuario "amigo" nos revela su costado filosófico... ¡Y uno que pensaba que lo único que aspiraba a hacer aquel contacto mañana era publicar las fotos de ayer! En efecto, la "literatura de (pseudo-) intelectuales" ocupa cada vez más un lugar importante en las redes, invita al debate tanto o más que las irrupciones irónicas referidas a la política o la religión. ¿Y no tendrán miedo al plagio estos escritores? ¿Qué esperan de sus lectores de Facebook? Gómez Castillo aporta su verdad al respecto: "Creo que la verdadera revolución está en la difusión, en la posibilidad de encontrar personas con los mismos o diferentes intereses. Las redes sociales representan una oportunidad para leer, y con ella, una oportunidad eterna y siempre recomendable de escribir". Bueno, quizás no haya mucho por escribir en Twitter —siempre me advierte que estoy sobrepasando el límite de caracteres, por eso casi nunca escribo en esta red. 

Sin embargo, no caben dudas que la Web ha instalado nuevos modelos de lectura, nuevas exigencias para los periodistas, quien no pueden dejar de capacitarse en Periodismo Digital si es que aspiran a sobrevivir. ¿Y usted, ya tiene su blog, algún poemita en la red social? Si aun no lo tiene, considere su publicación. Tal vez no llegue a los 121.000.000 seguidores que Andrés Calamaro tiene en Twitter, pero que lo van a leer, lo van a leer.


Fotos. Aparte: Enrique de Hériz, elPeriódico.com. M. G. Castillo y F. Bones, gentileza de los encuestados.

14 diciembre 2012

Marcelo Abram, un caso para la memoria reciente

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CRÓNICA
A un mes de la muerte del nadador y periodista, Marcelo Abram*

En la edición digital del diario rosarino "La Capital" la autora de De Artículos y Revisiones se enorgullece y tiembla al apuntar el enlace a una crónica muy especial de su autoría.* Se trata de "Marcelo Abram, un caso para la memoria reciente", crónica periodística que gira en torno a la tragedia acaecida en el Río Paraná, hace exactamente un mes, el 14 de noviembre de 2012.

RESUMEN + FRAGMENTO, extraídos de lacapital.com.ar

La velocidad del tiempo

Un paseo en bicicleta evoca la tragedia de Marcelo Abran, el periodista de La Capital que murió atropellado por una lancha.
[...]
* * *
El río Paraná. Un día como hoy el sol viste al río de mar. Para el transeúnte que cierra los ojos y bordea la barranca, el mar está en el aire, se huele. El puente Rosario-Victoria, las torres de Forum, el terreno ya no baldío que pronto mutará en otra torre… Los restos de ciudad se funden con el paisaje que hoy, por ser domingo hoy, deja de ser urbano para tornarse exótico.
El deleite es para las fosas nasales, para los ojos que se dejan obnubilar por la irradiación de un sol peligroso pero irresistible. Es el mediodía rosarino de siempre, pero hoy se nos concede el tiempo para respirarlo.
Una brisa fresca insiste en hacer creer que el océano está a dos pasos. Es mentira. El río sigue siendo río, ese río en que un miércoles de noviembre el brazo de Marcelo Abram padeció el brusco atropello de la hélice lanchera que tomaría, también, parte de su tórax.
* * *


 ◘ ◘ ◘

*Acknowledgements:
El agradecimiento es infinito, al periodista y docente del curso de crónicas del diario La Capital, colega de Abram y redactor puntilloso, MARCELO CASTAÑOS.