04 junio 2012

ENRIQUE DE HÉRIZ, entrevista al autor español de "Mentira" y traductor de "Robinson Crusoe"

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SOBRE LA PUBLICACIÓN DE LA 1ª TRADUCCIÓN ÍNTEGRA AL CASTELLANO DE ROBINSON CRUSOE EN ESPAÑA
Traduciendo a Daniel Defoe
De las tijeras de Julio a las puntadas  de Enrique
                                                                                                                                                
*Por Delfina Morganti
Si fue Cortázar quien cometió el crimen del recorte, lo hizo al menos siguiendo una costumbre, casi una tradición. No era un loco con unas tijeras.
Enrique de Hériz, En busca de Robinson Crusoe.
Letras Libres, feb.2012.
                                                                                                   
CUANDO UNO LEE QUE SE ACABA de publicar la traducción al español de la obra completa Robinson Crusoe (Daniel Defoe, 1719), es raro no sentirse tentado y pensar: “¿Pero cómo, no estaba traducida ya? ¿Entonces yo… qué leí?”

Sí, claro que ya se había traducido Robinson Crusoe al español; se había traducido, abreviado y adaptado, pero esta es la primera vez que un traductor, Enrique de Hériz, se encarga de recomponer el original en una versión “íntegra” al castellano, es decir, que facilita a los lectores de habla hispana la traducción completa de la que bien tenida por primera gran obra novelística de la literatura inglesa.

De hazañas traductoriles y pesquisas literarias…
En un relato vertiginoso, minado de los artificios propios de la narrativa del suspenso y la cuentística policial, el escritor y traductor español Enrique de Hériz expone, en su artículo En busca de Robinson Crusoe, las aventuras de un cronista un tanto azaroso y otro tanto detectivesco. El cronista es él, de Hériz.

En primera persona y con ese presente histórico que todo lo actualiza y todo lo reformula, Enrique de Hériz nos lleva a recorrer el tramo de pesquisas literarias que protagonizó entre los años 2004 y 2009, período durante el cual rastreó las pistas que podrían explicar los motivos de su colega Julio Cortázar para mutilar “ampliamente” el Robinson Crusoe de Daniel Defoe.

El artículo de de Hériz emana adrenalina, esa adrenalina derivada de la sospecha bien intencionada, de la curiosidad periodístico-traductoril que suscita el ingenio y despierta las ganas de buscar para saber, saber para contar. En busca de Robinson Crusoe invita a vivenciar en carne propia la adrenalina de un escritor (también traductor) devenido en una suerte de “perseguidor” de las pocas huellas que dejó Cortázar cuando éste tradujo— y, de algún modo, redujo— la obra de Defoe. Aquí, uno de los enunciados clave en torno al hallazgo de Enrique de Hériz:

… las primeras páginas del Robinson se reducían a menos de media en la versión de Cortázar. ¡Las primeras! ¡Qué torpeza! Así de entrada, sin el menor disimulo […] Me negaba a creer que Cortázar hubiera sido tan bruto.

Ahora bien, para quienes Cortázar simboliza una auténtica fuente de inspiración y, como diría Harold Bloom, de “influencia literaria”, toparse con semejante caracterización de su trabajo puede resultar algo perturbador, e ir en detrimento hasta del propio instinto, del propio ego. Sin embargo, así como de Hériz cuestiona e interpela el proceder de su colega, también hipotetiza equitativamente en favor de Cortázar, pues quiere encontrar evidencia para  “perdonarlo”. En consecuencia, caben dos posibilidades: o bien Cortázar se tomó la licencia— ¡ese lujo inconcebible!—de efectuar recortes del original en su traducción al español, o bien dichos recortes son, como no extrañaría, el resultado del misterioso obrar de los “duendes de la imprenta”, como los llama de Hériz. A fin de cuentas, el autor afirma que todavía se ignora “quién mandó cortar a quién”:

Pudo ser alguien de la editorial que se lo encargó (Viau, Buenos Aires, 1945): era una práctica común en esos tiempos. Pudo ser él mismo: es sabido que se tomaba ciertas libertades al traducir algunos textos y más de una vez hizo referencia a la siempre sospechosa libertad recreadora que conviene conceder a los traductores.

Contextualizado ya nuestro entrevistado, cabe agregar que lo fascinante de su “hazaña” en torno a la obra de Defoe y la tradición legada por Cortázar no radica sólo en las interesantísimas pesquisas pertinentes al misterio de quién hizo qué y cómo y por qué. Las aventuras de Enrique de Hériz apenas comenzaban cuando descubrió, en parte por azar, que la traducción de Cortázar prescindía de párrafos enteros en comparación con el original de Robinson.

Poco después de que se publicara un artículo suyo en el Periódico de Cataluña, de Hériz recibió una propuesta del editor Daniel Fernández (presidente y editor de Edhasa) para que tradujera él mismo Robinson Crusoe. ¿Primera reacción?

… ¿Traducir Robinson Crusoe? ¿Un texto de 1719? […] ¿Hacerlo a riesgo de que se interpretara que era contra Cortázar? Loco, sí: él por proponérmelo; y yo si me atrevía siquiera a jugar con la idea.

Aunque, en segundo lugar…

 … ¿Traducir Robinson Crusoe? ¿Los tres volúmenes? […] Había que estar loco para no hacerlo.

                                                                                                                                                                                     
DE ESCRITORES >
Entrevista exclusiva a Enrique de Hériz
                                                                                                         
Enrique de Hériz, leyendo uno de los tomos
de su traducción.
 “Jamás se había traducido Robinson Crusoe de manera íntegra y fidedigna. A partir de ahí, Cortázar empezaba a no importar tanto. Se trataba simplemente de hacerlo. Y de hacerlo de una manera honesta”.
AÑO 2012: Enrique de Hériz publica su traducción de los tres tomos de Las Aventuras de Robinson Crusoe. Se saca el gusto de hacerle justicia al original, se despoja del prejuicio en torno al trabajo de Julio Cortázar pero no de las sospechas iniciales a propósito de su traducción, y quizás hasta llegue a preguntarse (o quizás no) si no se trataría ésta de una de aquellas causalidades cortazarianas de la vida y la literatura. Pensándolo bien, parecería como si, en primera instancia por lo menos, el proyecto lo hubiera buscado a de Hériz más que él al proyecto… ¿Las fuerzas del cosmos? ¿La voluntad de seres ultramundanos, Defoe y Cortázar? ¿El editor, quien lleva en su nombre la insignia del original, “Daniel”? ¿El tarot? Bah, quizás nada de eso… ¡O todo junto! En fin, su espontaneidad y humor no necesitan más preámbulos. La evidencia está a la vista.
“Soy novelista antes que traductor y hago cuanto haya que hacer por diferenciar las dos tareas”. 
DELFINA: A propósito de su traducción al español de Robinson Crusoe publicada recientemente por Edhasa, ¿qué diría que implica traducir a Defoe después de Cortázar?

ENRIQUE: Si no hubiera leído la traducción en serio, cotejándola con el original, el enorme peso del nombre de Cortázar (de quien yo mismo he sido y sigo siendo lector devoto) habría significado un gran peso, tal vez excesivo. Sin embargo, lo que me animó a emprender la tarea fue precisamente el descubrimiento de que su traducción estaba mutilada severamente. No hablamos de cambios menores motivados por cuestiones de criterio, sino de un texto cercenado en casi un 30 por ciento. Ese descubrimiento me llevó a una investigación que, tras muchas y muy largas peripecias, terminó en la constatación de que jamás se había traducido Robinson Crusoe de manera íntegra y fidedigna. Incluso había un tercer volumen jamás traducido. A partir de ahí, Cortázar empezaba a no importar tanto. Se trataba simplemente de hacerlo. Y de hacerlo de una manera honesta.

DELFINA: Como traductor escritor, ¿cree usted en la “libertad creadora que conviene conceder a los traductores”? ¿Hay un Enrique que escribe y otro que traduce?

ENRIQUE: Aunque hace muchos años que traduzco y en determinadas épocas ha sido mi dedicación central, desde hace ya bastantes años soy novelista antes que traductor. Publico mi obra y hago cuanto haya que hacer por diferenciar las dos tareas. Por supuesto, creo que el traductor debe gozar de la necesaria libertad para traerse del texto original algo más que el estricto significado. Tengo el privilegio de que mis novelas se traduzcan a ciertos idiomas y cada vez que firmo un contrato para cualquier nueva lengua lo primero que hago es mandar un mail al traductor animándolo a “traicionarme tanto como sea necesario”. Pero la segunda parte de esta proposición también es importante. El margen de la libertad, de re-creación del original debe forzosamente mantenerse en los límites estrictamente necesarios para transportar de un idioma a otro el significado de la manera más completa. Desconfío de aquellos traductores que se ufanan de haber “mejorado” el original. Y, obviamente, me parece deplorable que se use la libertad, la re-versión, para justificar lo que en muchos casos son meras mutilaciones.

D: En el artículo de su autoría En busca de Robinson Crusoe (Letras Libres, feb. 2012), usted advierte que “el texto de Julio Cortázar no sólo tiene supresiones graves y sistemáticas…”. Si tuviera que apuntar un contraste, ¿en qué se asemeja y en qué se diferencia su traducción de la de Cortázar?

E: Fácil: la mía es íntegra y fidedigna. Más allá de la calidad literaria, subjetiva y opinable, simplemente contiene todo el texto que escribió Defoe. La de Cortázar, por cuestiones que nadie podrá aclarar mientras no se sepa de qué texto original tradujo, contiene recortes sistemáticos gravísimos.

D: En algún pasaje del artículo citado escribe que “necesitaba perdonar a Cortázar” por sus “recortes” al traducir a Defoe. ¿Hay algo que los lectores de la nueva traducción deban perdonarle a usted?

E: Qué sé yo. Cuando hablo de perdonar a Cortázar me refiero a que, por la devoción que he sentido por él como escritor, me costó mucho aceptar su implicación (activa o pasiva, a saber) en esta mutilación. Mientras trataba de averiguar qué había pasado, ardía en deseos de encontrar a alguien a quien trasladar toda la culpa, para así liberarlo a él. Cabe la posibilidad de que algún lector que siga buscando ese Robinson simplificado, reducido a la mera condición de “novelita de aventuras juvenil” tenga que perdonarme el haberla traducido como lo que en realidad era: un texto importantísimo por su contribución a la fundación del género novelístico tal como se entiende en la actualidad y, en consecuencia, algo más  denso y prolijo de lo que nos hicieron creer las versiones mutiladas.

D: ¿Qué diría Cortázar de la traducción de Enrique de Hériz? ¿Y Defoe?
E: Probablemente Cortázar diría: “¿Y quién es ese pelotudo?” Y tal vez aprovecharía para contar qué ocurrió: quién cortó qué y por mandato de quién. Ojalá. En cuanto a Defoe, no me cabe duda de que diría: “Gracias, por fin”. Las primeras mutilaciones severas de su obra se dieron en vida de Defoe. De hecho, apenas semanas después de la publicación del primer volumen de Robinson aparecieron ya las primeras ediciones piratas. a juzgar por el dramatismo de sus lamentos, que constan por escrito en los prefacios de las siguientes entregas, la noticia de que alguien (¡293 años después!) se decidiera a traducir por primera vez los dos volúmenes sin voluntad de recortarlos ni adaptarlos a un público juvenil que él nunca buscó le parecería, estoy seguro, un mero acto de justicia.

D: Yendo al plano de la traducción literaria en general, ¿cómo hace un traductor nóvel para ingresar al mercado editorial?

E: Entiendo que no se me pregunta cómo deberían ser las cosas, sino cómo son. En ese caso, me temo que la respuesta es fácil: acepta que le paguen menos todavía de lo muy poquito que cobran los que ya se ganaron un nombre. Acepta que le encarguen cualquier cosa. Acepta pasar demasiado tiempo traduciendo no importa qué. Consigue ser bueno en un sentido funcional (es decir, resolver los problemas que genere la traducción sin dar demasiado laburo a quien se la encargó), no incumple jamás una fecha, trabaja bien bajo la presión de unas urgencias ridículas y se esfuerza por ser simpático. Si se da todo eso y además no es demasiado malo y tiene ese puntito de suerte tan necesario para todo en la vida, puede que salga adelante. ◘ ◘ ◘

DELFINA MORGANTI
para blog académico-periodístico De Artículos y Revisiones.

2 comentarios:

  1. ¡Me ha gustado! No sabía que no había traducciones de Defoe... Cuántas cosas damos por sentadas, ¿no?

    Respecto a la última pregunta, no es muy alentador el panorama, pero en fin... Todo sea por la literatura. Mi proyecto de traducción literaria se va a concretar tarde o temprano...

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  2. Todo sea por la literatura y la traducción, claro... No sé si es "no alentador". A lo mejor depende de dónde se lo mire. Si lo leés más de una vez, se te corre la nube de humo que aparenta tener el comentario y pensás (o eso pienso yo, mejor dicho): "Ah, o sea, como con todo. Nada nos llueve. Si de verdad pero de verdad se quiere, tarde o temprano, se puede..." Por nuestros proyectos, ¡salud!

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